Por: Bache3000
Antes de que comenzara el debate formal, los artistas tomaron el recinto por asalto: hubo malabares, música en vivo y baile entre las butacas, una demostración improvisada que arrancó sonrisas y aplausos del cuerpo deliberativo y que puso en escena, mejor que cualquier argumento, de qué se trata el trabajo que piden regularizar.
La sesión se convocó para tratar el proyecto 569/26, impulsado por la concejala Roxana Ferreyra, que busca crear un registro municipal de artistas y prestadores de servicios en la vía pública. La iniciativa nació como respuesta directa a la resolución 772/26 firmada por el intendente Walter Cortés, que prohibió toda actividad artística en semáforos y espacios públicos del ejido urbano bajo el argumento del orden vial.
"Prohibir es fácil, regular es difícil. Nosotros vamos a ir por la parte difícil", sostuvo Ferreyra ante los artistas presentes, y agregó que la ordenanza apunta a derogar la resolución municipal. El proyecto establece categorías de actividad permitida, malabaristas, equilibristas, estatuas vivientes, limpiavidrios y volanteros, y crea un registro con requisito de dos años de residencia acreditable, credencial con fotografía y zonas habilitadas definidas por la autoridad de aplicación.
Uno de los testimonios más resonantes fue el de Mariano Molero, malabarista con quince años de trayectoria que recorrió desde el Caribe hasta Tierra del Fuego haciendo malabares. "Todo lo que estudié, instructorado de stand up paddle, profesorado de yoga, lo pagué haciendo malabares en la calle", dijo. Molero contó que ya fue amenazado dos veces por uniformados con ser detenido o perder sus elementos de trabajo, y que actualmente no puede afrontar el alquiler. "No es que estoy cachibacheando en la calle. Me levanto a las seis de la mañana y voy a los semáforos hasta las dos de la tarde", afirmó.
También habló María Julián Maráz, payasa y artista circense conocida como Jupi, quien llegó con su hija en brazos y se quebró al tomar el micrófono. Con diecisiete años de oficio y ocho viviendo en Bariloche, relató que en marzo tuvo que pausar sus cursos de acordeón y flexibilidad para priorizar el alquiler y la comida. "El semáforo es mi cajero automático", dijo con ironía, y describió cómo uno de sus compañeros, identificado como Chicho, fue detenido cuatro horas en un calabozo por averiguación de antecedentes mientras hacía malabares. "Yo no salí. No me quiero exponer porque tengo que retirar a la nena a las cinco de la tarde", explicó.
Patricia, madre de un malabarista que no pudo asistir, amplió el debate hacia las condiciones estructurales que rodean la actividad. Sostuvo que la criminalización de los artistas ignora que el verdadero problema de inseguridad en los semáforos está vinculado al consumo problemático y a la falta de políticas de salud mental en la ciudad. "Si van a hablar de prohibición, primero desglosemos lo que es arte callejero de lo que es situación de calle", planteó.
El concejal Leandro Costa Brutten se sumó a la autoría del proyecto desde el primer momento. El concejal Juan Pablo Ferrari destacó que criminalizar en la generalidad es peligroso y que la regulación protege a los propios artistas porque les da un marco legal para reclamar si son perseguidos. La concejal Mari Coronado, del bloque oficialista, planteó dudas sobre los riesgos viales en semáforos, aunque aclaró que acompañaría la ordenanza.
El proyecto avanzó con dictamen positivo de Ferreyra y fue acompañado en reserva por TotoneLli, Ferrari, Coronado, Lucas Pérez y Samantha Echenique, a la espera del texto reformulado. Pasó a la siguiente comisión con el compromiso de los concejales de convocar a los artistas que no pudieron exponer para continuar el debate antes de la votación en el recinto.