Por: Bache3000
Un seguidor de Bache3000 capturó la escena esta semana en el lago. El frío era real —el termómetro marcaba lo que marcaba, y las cumbres ya lucían la primera nieve de la temporada. No era una tarde para nadar. Era una tarde para estar adentro con algo caliente.
Y sin embargo, ahí estaba él.
Primero las piernas. Eso ya sería suficiente para la mayoría. Para él, fue apenas el prólogo. En cuestión de segundos, el cuerpo entero. Completo. Sin vacilaciones visibles, sin el teatro del que se mete de a poco haciendo caras. Adentro.
Lo que siguió fue una escena que varios de los presentes —y los cientos que vieron el video después— observaron con una mezcla precisa de asombro y alivio. Asombro porque hay que verlo para creerlo. Alivio porque lo hizo él, y no tuvimos que hacerlo nosotros.
Eso es, en el fondo, el servicio que presta este tipo de persona a la sociedad. Carga con la valentía colectiva. Se tira al agua helada en nombre de todos los que nos quedamos en la orilla pensando "algún día". Nos representa, literalmente, porque hace lo que nosotros no haríamos ni aunque nos lo pidieran con papeles firmados.
Bariloche tiene sus propios rituales con el frío. El viento, la nieve inesperada, las mañanas de escarcha en el parabrisas. Pero este hombre encontró un nivel distinto. Un nivel que merece reconocimiento, aunque ese reconocimiento venga acompañado de una advertencia médica implícita.
Fuerza, máquina. Que la gripe que se viene sea breve.