Por: Bache3000
El jueves pasado, dieciocho trabajadores de la salud que prestaban servicios en el Instituto de Tecnologías Nucleares para la Salud (Intecnus) se enteraron por los pasillos y los rumores que circulaban dentro de la institución que algo no estaba bien. Tuvieron que exigirle a sus empleadores, a través de una nota formal, que les explicaran qué estaba pasando. La respuesta llegó días después, de la manera más impersonal posible: una escribana se presentó en el lugar y los notificó de su desvinculación inmediata.
IMQ S.A.S., la empresa que prestaba los servicios de quirófano e internación, venía arrastrando desde hacía meses un conflicto con Intecnus por los pagos. Los ingresos de la clínica pasaban en su mayoría por la institución, que luego liquidaba a la empresa contratada, pero esa liquidación era sistemáticamente tardía. Esa tensión económica escaló sin que los trabajadores fueran informados, y la ruptura llegó sin preaviso real. De hecho, IMQ S.A.S. había contratado a una enfermera apenas una semana antes del colapso, lo que da cuenta de la falta de planificación o de la expectativa de que Intecnus sostuviera el vínculo.
Los empleados habían pedido explícitamente que se les avisara con meses de anticipación si el servicio iba a cerrarse, especialmente considerando que mayo es una época compleja para conseguir empleo en el sector. Ese pedido fue ignorado. Cuando finalmente lograron que sus empleadores les dieran la cara, ya era demasiado tarde.
Lo que convierte esta situación en una crisis sanitaria es el perfil de los pacientes que se atienden en INTECNUS. Según pudo saber Bache3000, aproximadamente el 80 por ciento de las personas que transitan por los servicios de quirófano, internación, hemoterapia y oncología tienen algún diagnóstico oncológico. Entre 150 y 200 pacientes circulan regularmente por todas las áreas de la institución, desde la colocación y extracción de portacats hasta procedimientos ginecológicos, mastológicos, urológicos y gastroenterológicos motivados por sospechas o confirmaciones de cáncer.
(Uno de los quirófanos de Intecnus)
El problema no es solo el quirófano. Los pacientes oncológicos que reciben radioterapia en la institución suelen descompensarse y necesitan internación. Lo mismo ocurre con quienes requieren transfusiones por anemias vinculadas a su tratamiento. Sin el servicio de internación funcionando, no hay lugar donde dejar a alguien en observación si algo sale mal. La cadena asistencial queda rota en varios puntos simultáneamente.
Además, el alcance geográfico agrava aún más el panorama. Intecnus no solo atiende a residentes de Bariloche sino que es el centro de referencia oncológica para pacientes de El Bolsón, Pilcaniyeu, San Martín de los Andes y Villa La Angostura, entre otras localidades. Para muchas de esas personas, llegar hasta Bariloche ya implica un esfuerzo considerable. Que el servicio no esté disponible cuando lleguen representa una situación de riesgo real.
La institución, supo este medio, abrió un pliego de licitación esta semana para intentar reemplazar a IMQ S.A.S., pero aún no tomó medidas de apoyo para evitar la interrupción del servicio. Algunas propuestas surgieron desde el cuerpo médico, pero los profesionales no están en condiciones de hacerse cargo simultáneamente del quirófano y de la internación, dado el nivel de inversión que este último servicio demanda.
Quien conoce la situación desde adentro no descarta que la rehabilitación del servicio tarde entre uno y dos meses, un plazo que resulta alarmante cuando se trata de pacientes con patologías oncológicas activas que dependen de controles periódicos, intervenciones programadas y acceso inmediato a internación ante cualquier complicación. La incertidumbre, por ahora, recae sobre los trabajadores sin empleo y sobre los pacientes sin red de contención.