Por: Bache3000
Hay días en que la política rionegrina habla dos idiomas al mismo tiempo y ninguno de los dos es el mismo. El viernes fue uno de esos días.
Alberto Weretilneck estaba en Bariloche. Decía, con esa calma calculada que ensaya desde hace años, que si a Gustavo Gennuso le molestaba que él y Walter Cortés trabajaran juntos, el problema era "más de psicólogo que de estas características". Hablaba de envidia. Hablaba de lógica. Hablaba, sobre todo, para que lo escuchara alguien que no estaba en la sala.
Casi en simultáneo, a cuatrocientos kilómetros, el exintendente de Bariloche se sentaba frente a María Emilia Soria en General Roca. Hablaban de infraestructura, de conectividad, de los motores económicos de la provincia. Hablaban, sobre todo, de que los dos podían estar en el mismo cuarto sin necesitar permiso del gobernador para hacerlo.
Eso es lo que no se dice en los comunicados pero que cualquiera que conoce la política rionegrina entiende de inmediato.
Hace algunos meses, desde este medio señalamos algo que hoy cobra más vigencia que nunca: si la elección provincial de 2027 se define en tercios, el que gane no lo hará porque su tercio creció solo. Lo hará porque supo robarle votos a otro. Río Negro viene de una elección de octubre de 2025 que dejó el mapa bastante claro: Juntos Somos Río Negro ganó la mayoría de las intendencias, demostró que sigue vivo electoralmente y que Weretilneck conserva capacidad de articulación territorial. Pero perdió, y por bastante, en ciudades clave. Bariloche fue la más visible. Roca otra. En Cipoletti, menos. Ese resultado le dice al gobernador que puede llegar a 2027 peleando, pero no cómodo.
El peronismo y sus aliados conforman otro tercio. Fragmentado, con figuras que se superponen y espacios que todavía no tienen nombre, pero con una base que no desapareció. Cierto es que en octubre esperaban un paliza en su favor y no sucedió gracias a Bariloche y Roca. La Libertad Avanza es el tercero, con el senador Enzo Fullone como figura más consolidada en la provincia y una estructura que todavía está aprendiendo a operar en el territorio. Nadie llega a la gobernación con un tercio solo. Eso lo saben todos. La diferencia es quién tiene más oficio para cruzar esas fronteras, y ahí Weretilneck lleva años de ventaja.
El gobernador ya está moviéndose. En Roca construye un frente electoral alrededor de Juan Martín, el legislador provincial que logró sobrevivir al naufragio del PRO en octubre y que hoy lidera el embate contra el sorismo en esa ciudad. Martín consiguió el respaldo de Weretilneck, el visto bueno de Fullone y promesas de aportes radicales. Es un armado territorial específico, no exportable al resto de la provincia, pero sirve como modelo de lo que el gobernador quiere replicar donde pueda: alianzas disímiles, componentes diferentes, objetivo común. En Bariloche avanza en un pacto con Cortés, que siempre tiene olor a crisis. El esquema es el mismo: Juntos no lidera el proceso local, pero participa del poder. A cambio, esas estructuras aportarán en el turno provincial. Weretilneck recorre la provincia, se reposiciona en el centro reivindicando el provincialismo, y conserva números que otros le envidian: algo por encima del 40% de imagen positiva. No es para festejar, pero es para operar.
El problema es que sus movimientos tienen respuesta. Y la idea de "renovación" trajo sus consecuencias. No sólo por la foto de Gennuso con Soria.
Uno de los cuestionamientos históricos al peronismo rionegrino, y a los hermanos Soria en particular, era ese: no caminaban la provincia, no se los veía trabajar por fuera de los límites del propio espacio, no construían puentes hacia afuera. El tercio peronista existe, pero solo no alcanza para ganar. Pues bien. La primera acción visible dejó a todo el arco político turuleco y con preguntas.
Hay que decirlo con precisión, porque este medio pudo saberlo: la reunión entre Gennuso y María Emilia Soria no tuvo fines electorales. Fue una charla, no un acuerdo, no un lanzamiento, no el inicio formal de ningún frente. Pero en política, a veces, una charla dice más que un acto. Lo que la foto hace es doble. A María Emilia Soria la muestra con una amplitud que pocos le reconocían: capaz de salir de las fronteras del peronismo, de sentarse con alguien que no viene de su espacio, de hablar de provincia en términos que no son solo los propios. A Gustavo Gennuso, en cambio, lo pone en escena provincial con una fuerza que todavía no había tenido. Ya no es solo el exintendente de Bariloche con ganas. Es alguien que convoca, que genera reuniones, que mueve piezas en distintos tableros al mismo tiempo. Antes de la foto ya había estado con Pesatti en Viedma —el vicegobernador que está afuera del oficialismo y cuyo destino apunta al Frente Renovador. La señal hacia adentro de Juntos es clara: hay otro camino para los que se sienten desplazados, y ese camino tiene cada vez más transeúntes.
En ese mismo sentido opera lo de Abdala. En la misma semana, la legisladora oficialista apareció en Casa Machacha —un espacio de predominio peronista— para hablar del vertedero y plantear una posición que contradice la estrategia provincial. Días después se fotografiaba sonriente entre los dirigentes del PRO en el encuentro federal de Bariloche, con abrazos como en un cumpleaños de alguien querido. Capozzi, el diputado nacional rionegrino, le dedicó un párrafo generoso a su presencia, con la satisfacción de quien suma un nombre que no esperaba sumar. Nadie en las primeras líneas de Juntos le creyó del todo. O más bien: todos le creyeron, y eso era exactamente lo que molestaba. En el cumpleaños de Bariloche no subió al escenario con el resto del sistema político. Se quedó abajo, entre la gente. Lo de Abdala no es disidencia declarada. Es algo más difícil de manejar: es autonomía real. Y la autonomía, en política, es contagiosa.
En el primer capítulo de House of Cards, tracionan a Frank Underwood. Luego de eso, él se siente librado para hacer su camino.
En Bariloche, todo esto tiene una lectura particular. Cortés gobierna cómodo en los números: está lejos de todos, si las elecciones fueran mañana. Por eso no le incomoda que surjan candidatos por todos lados. Al contrario: le sirven uno, dos, tres vietnam (al decir del Che Guevara). Todos los que aparezcan fragmentan el voto opositor y lo dejan mejor parado. Y como es Bariloche, serán muchos. La ciudad tiene una larga tradición de producir candidaturas con vocación testimonial, escisiones con nombre propio y frentes que duran hasta la segunda vuelta del entusiasmo. Cortés lo sabe y espera. Y pavimenta.
El PRO nacional, por su parte, quiere un partido saneado para ser el "próximo paso" cuando Milei tambalee. Macri le pidió a Juan Martín rearmar la mesa federal con los legisladores del partido en todas las provincias. El encuentro del viernes en Bariloche fue parte de eso: reconstruir identidad desde el interior hacia el centro, no al revés. El partido perdió en dos años más de dos tercios de su bancada nacional. Necesita territorio. Pero el PRO y el Partido Rionegrino no orbitan alrededor de Juntos de forma automática. Están cerca, comparten algunos objetivos, pero eso no garantiza ningún futuro electoral común. Esperan ver cómo se acomodan las piezas. También esperan señales de La Libertad Avanza: Fullone sabe que para ampliar su tercio de octubre necesita llevarse algo del provincialismo, algún radical, algún peronista desencantado. Las condiciones están dadas. Lo mismo calcula Tortoriello, el archirrival de Martín dentro del espacio macrista, que también juega su propio partido.
La política rionegrina se reacomoda pero, por ahora, mantiene los tercios. Quizás ese encuadramiento llegue inalterable a 2027, pero con cambios en sus componentes. Juntos puede perder a Abdala y a otros, pero ganar estructuras municipales. El peronismo puede sumar a Pesatti. La Libertad Avanza o el peronismo a Gennuso. LLA y el PRO pueden ampliar, pero necesitan acuerdos que todavía no firmaron.
El que gane en 2027 no lo hará porque su tercio sea el más puro. Lo hará porque fue el que mejor entendió que las fronteras entre tercios son permeables, y que cruzarlas no es traición sino aritmética.
Weretilneck lo sabe mejor que nadie. Por eso habla de psicología cuando en realidad está haciendo cuentas.