Por: Bache3000
El caso Cendón arrastra casi ocho meses de tensión institucional. En septiembre de 2025, un grupo de fiscales, defensores y funcionarios judiciales presentó una denuncia formal ante el Consejo de la Magistratura contra la fiscal jefa por presuntos hechos de violencia laboral, acoso psicológico, hostigamiento sistemático y conductas que podrían configurar delitos como abuso de autoridad, tráfico de influencias y prevaricato. El sindicato judicial Sitrajur se sumó después con una denuncia propia. La crisis que desató esa presentación derivó en licencias psiquiátricas, una renuncia y una sobrecarga de trabajo que se extendió sobre el resto del personal.
La vía penal, sin embargo, ya quedó cerrada: en el legajo MPF-BA-05640-2025, el fiscal jefe de Viedma Hernán Trejo desestimó en abril las siete denuncias por considerar que los hechos no constituían delito, y el fiscal general subrogante Juan Pedro Peralta rechazó después el recurso de revisión presentado por los denunciantes. Lo que sigue activo es el sumario administrativo en el Consejo de la Magistratura, aunque los propios denunciantes cuestionan que avanza con trabas: señalan que no los dejan ampliar su testimonio y que en algunos casos Cendón estuvo presente mientras se tomaba declaración a testigos, algo que califican de completamente irregular.
En ese mismo período el Consejo de la Magistratura también resolvió cubrir dos vacantes en el Ministerio Público Fiscal de Bariloche: designó a María Sofía Ocampo como fiscal titular en el cargo que había quedado libre tras la renuncia de Tomás Soto, uno de los denunciantes originales, y a Celeste Aparicio como fiscal adjunta. Las incorporaciones reavivaron los roces internos en un organismo que todavía no resolvió su crisis de conducción.
Fue ese clima de tensión sostenida el que llevó a actuar al procurador. La primera respuesta institucional había sido la Resolución 104/2025 del fiscal general, que dividió al personal en dos equipos: los denunciantes quedaron bajo la órbita de Lozada, mientras las fiscalías a cargo de Cendón permanecieron en el primer piso. Pero la medida no alcanzó: Cendón continuó bajando al primer piso pese a tener orden de no hacerlo, lo que terminó de convencer a Crespo de avanzar en una separación física definitiva. Así, las fiscalías a cargo de Cendón fueron trasladadas al primer piso junto con ella, mientras las de Lozada quedaron en el segundo, con prohibición expresa para Cendón de subir.
El recibimiento en el primer piso tampoco fue cálido, porque hay personal que tampoco quiere trabajar cerca de ella, pero al menos se disolvió una convivencia que ya era insostenible.