Por: Bache3000
Una recorrida por las obras en marcha en el microcentro dejó al descubierto una realidad que los propios contratistas reconocen sin rodeos: la mayoría de los trabajadores provienen de Bolivia y Paraguay, y en varios casos la proporción llega al ciento por ciento. La mano de obra local, dicen, simplemente no aparece. El gremio de la construcción lleva meses advirtiendo sobre las condiciones en que trabaja esa gente.
En el Mirador 144, sobre el kilómetro 6200, trabajan diez obreros paraguayos. Lo mismo ocurre en la obra de Palacios casi al 500, en la esquina de Beschedt y Moreno, en Mitre entre 9 de Julio y Sáenz Peña, en Libertad esquina España, y en el edificio Hilton, donde la totalidad del personal es de origen paraguayo. En varios de estos frentes de trabajo, los bolivianos también tienen presencia mayoritaria. Los argentinos, cuando aparecen, son minoría.
Los contratistas consultados durante la recorrida ofrecen una explicación que se repite de obra en obra: no encuentran mano de obra local dispuesta a trabajar en construcción. La queja apunta especialmente a los barrios, donde conseguir un simple ayudante de albañil que se presente con regularidad se volvió una tarea casi imposible. No hablan de escasez de personas, sino de falta de disposición hacia el rubro.
La otra cara de esta ecuación la viene describiendo desde hace meses Nicanor Espinoza, secretario general de la UOCRA Bariloche. En declaraciones previas al gremio y en entrevistas radiales, Espinoza advirtió que la construcción privada se convirtió en un campo fértil para la informalidad: obreros traídos de otras provincias —Salta, Jujuy— sin el pago del 30% de desarraigo que exige el convenio colectivo, jornadas extendidas sin los recargos correspondientes, ausencia de ropa de trabajo, comedores y baños en condiciones. "Obra que vamos, nunca hemos salido sin problemas. Siempre hay un problema", dijo el dirigente.
Quienes sí están en las obras trabajan. Los obreros bolivianos y paraguayos que sostienen gran parte del avance de las obras del microcentro lo hacen, en muchos casos, en condiciones que distan de ser las adecuadas. El gremio ya lo documentó en otros frentes: hacinamiento, incumplimiento del convenio, empleadores que aprovechan la necesidad y el silencio de trabajadores que temen perder el único ingreso que tienen. "Si ustedes denuncian, el empresario la va a pensar dos veces", les dijo Espinoza a los propios obreros. Pero muchos callan.
La escena no es nueva en la industria de la construcción argentina, pero en Bariloche adquiere una dimensión particular en un momento en que el centro de la ciudad acumula obras en simultáneo, con inversión privada activa y una demanda de mano de obra que el mercado local no logra —o no quiere— cubrir. El resultado es una fuerza laboral mayoritariamente extranjera, informal en muchos casos, y expuesta a condiciones que el propio gremio lleva meses intentando frenar obra por obra.