Por: Bache3000
Hace casi un mes, Bache3000 publicó el estado calamitoso de los baños del paso Cardenal Samoré. La nota se viralizó por la crudeza de las imágenes: mingitorios llenos de orín, la mayoría de los sanitarios clausurados, papeles desbordados, todo oxidado y un olor penetrante a orina y heces que impregnaba cada rincón. Varios visitantes que cruzaban desde Chile expresaron su vergüenza ante semejante postal de bienvenida a la Argentina.
Un mes después, la pregunta es inevitable: ¿cambió algo? La respuesta es contundente: absolutamente nada.
Otro seguidor de Bache3000 envió un video mostrando cómo están los baños hoy. Exactamente igual que hace treinta días. Mingitorios con bolsas de nailon colgando porque no se pueden usar, todos llenos de orín, algunos a punto de desbordar. Todo sigue roto, todo sigue clausurado, todo sigue con el mismo tufo insoportable.
Esa es la imagen que recibe al visitante, al turista que viene de Chile por el paso Cardenal Samoré. Lo primero que ve al pisar territorio argentino: una postal de abandono, desidia y vergüenza institucional.
Porque esto no es nuevo. Ya lleva varias gestiones nacionales: pasó con Macri, pasó con Alberto Fernández y sigue pasando con Milei. Parece que no hay ideología ni bandera política a la que le importe resolver algo tan básico como garantizar que la gente pueda ir al baño en condiciones dignas.
Miles de turistas y residentes de ambos países transitan este paso durante todo el año. Muchos eligen la Patagonia para descubrir paisajes únicos, llevarse los mejores recuerdos de una región maravillosa. Pero antes de llegar a esos paisajes, se encuentran con esto: sanitarios desbordados, clausurados, apestosos. Una vergüenza que el Estado nacional parece incapaz —o poco dispuesto— a resolver.
Las fotos y videos llegan semanalmente a nuestras redes. Siempre la misma denuncia, siempre la misma inacción. Cada día están peor. Y lo más triste es que a nadie con la autoridad competente parece importarle.
Bienvenidos a Argentina.