Por: Bache3000
Mónica Barriga es esa señora que todos los que alguna vez pisaron el Hospital Zonal de Bariloche conocen. La que está en la mesa de informes los lunes, miércoles y viernes de ocho de la mañana a mediodía. La que te orienta cuando entrás perdido, la que sabe dónde queda cada consultorio, la que tiene paciencia cuando llegás angustiado. Mónica es parte del paisaje del hospital desde hace seis años, pero ahora ese paisaje puede cambiar.
Está juntando firmas. No para una campaña política, no para una causa abstracta. Está juntando firmas para conservar su propio trabajo, ese que le paga 78 mil pesos al mes —menos que un salario mínimo— y que depende de un programa social que puede cortarse en cualquier momento.
"Las puertas siempre se me han cerrado", cuenta sin dramatismo, con esa resignación de quien ya conoce el recorrido. Mónica forma parte de un programa de Nación que se dividió en dos segmentos: jóvenes de 18 a 50 años, y acompañamiento social para los mayores. Ella cayó en la segunda categoría. No tiene hijos, tiene más de 50 años, y durante un tiempo tuvo 20 horas de trabajo. Ahora le quedan 12.
Antes de llegar a la mesa de entrada, Mónica se capacitó como promotora de salud durante un año, cuando la doctora Mercedes Iberó dirigía el hospital. Estuvo cuatro años trabajando en Camino Abierto, el dispositivo de salud mental, también de ocho a dos de la tarde. Después la movieron a donde está ahora: informes, orientación, ese punto de contacto que nadie nota hasta que lo necesita.
"Mi objetivo es dar lo que yo he aprendido", dice. Y enseguida agrega lo otro, lo que no se puede romantizar: "Necesito un trabajo, necesito un ingreso, algo que se me retribuya por lo menos".
Las firmas que junta son para presentar ante la dirección del hospital o "ante quien corresponda", dice ella, porque tampoco tiene del todo claro quién decide estas cosas. Lo que sí sabe es que cuando la gente viene al hospital, muchos la buscan. Que su labor no está en ningún organigrama oficial, pero está en la experiencia de cualquiera que haya entrado desorientado a ese edificio.
Mónica Barriga trabaja hace seis años en el sistema de salud pública de Bariloche por 78 mil pesos al mes, doce horas semanales. Ahora puede quedarse sin eso. Y mientras tanto, sigue ahí, en su escritorio de la entrada, con su planilla de firmas al lado, dando información a quien se la pida, como si nada estuviera en riesgo.