jueves 04 de junio de 2026 - Edición Nº476

El Bardo de Siempre | 4 jun 2026

ESFUERZO Y SOLIDARIDAD BARILOCHENSE

El día que Bariloche se hizo noche: 15 años de la lluvia de cenizas que nadie olvidó

10:31 |El 4 de junio de 2011, un sábado de otoño tranquilo se convirtió en pocas horas en una jornada histórica: el volcán Puyehue-Cordón Caulle entró en erupción al otro lado de la cordillera y cubrió la ciudad de cenizas, oscureciendo el cielo en plena tarde y poniendo a prueba a toda una comunidad.


Por: Bache3000

Era un sábado frío, tranquilo, con el ritmo pausado del fin de semana. Las familias almorzaban, los chicos jugaban adentro, algunos aprovechaban para dormir la siesta antes de que cayera la tarde. Nadie tenía razones para mirar hacia el oeste con preocupación. Hasta que alguien lo hizo.

Minutos después de las 15:15, del otro lado de la cordillera, el complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle entró en erupción. A 75 kilómetros de Bariloche, el volcán de 2.240 metros de altitud —que no había tenido una gran erupción desde 1960— comenzó a expulsar una columna de material piroclástico y cenizas que alcanzó los 10.000 metros de altura y cruzó los andes. Los temblores se sintieron en San Martín de los Andes, Villa La Angostura y Bariloche. La alarma comenzó a crecer.

Algunos barilochenses que estaban en la calle o miraban por la ventana hacia el lago Nahuel Huapi notaron algo extraño sobre los picos cordilleranos: una enorme pared gris plomo avanzaba desde el oeste. Lenta al principio, implacable después. Los que acababan de levantarse de la siesta se asomaron y no entendieron. ¿Era una tormenta? ¿Ya era de noche?
No era ninguna de las dos cosas.

La nube se instaló sobre Bariloche. Comenzó la caída de cenizas volcánicas. La lluvia gris cruzó el lago y fue pintando los barrios del oeste hacia el este. Los vecinos salían a los autos, pasaban un dedo por el capó y se miraban entre sí sin saber qué decir. Era una arenisca fina acompañada de pequeñas piedras de dos milímetros de diámetro. En Villa La Angostura, más cercana al volcán, caían piedras pómez de hasta tres centímetros.

En menos de media hora, la claridad del día había desaparecido por completo. A las 16:30 era absolutamente de noche. Fuertes truenos y relámpagos —producto de la enorme energía y fricción de la columna eruptiva— retumbaban sobre la ciudad. Las calles se cubrían de una arena crujiente. Los autos circulaban a paso de hombre, con las balizas encendidas y visibilidad mínima. Los peatones se cubrían la boca con las capuchas de las camperas.

Los que dormían la siesta se despertaron con el ruido de los truenos, miraron por la ventana y no entendieron lo que veían. Afuera era de noche. Adentro, el reloj marcaba las cinco de la tarde.

Sin entrar en pánico, pero con urgencia, Bariloche empezó a moverse. Los supermercados se llenaron en minutos. El principal objetivo en las góndolas fue el agua: bidones, botellas, lo que hubiera. Muchos sumaron leche y velas, previendo un corte de luz. "Ya trajimos del depósito todo el agua que teníamos, le puedo recomendar que lleve soda o gaseosa", le decía un repositor del supermercado La Anónima a una mujer que no encontraba agua mineral.

En una farmacia del barrio Melipal, se formó una larga fila con un solo objetivo: comprar barbijos. El comercio no aumentó los precios. Los vendía a dos pesos y los racionaba: solo dos por persona. Una decisión pequeña que habló mucho de la gente de esta ciudad. Los celulares comenzaron a fallar. Primero se hizo difícil llamar y después resultó imposible. "Red ocupada" era la única respuesta.

En medio de la incertidumbre, apareció lo que siempre aparece en esta ciudad cuando la situación aprieta: la solidaridad. Vecinos que se asomaban a preguntar si el de al lado necesitaba algo. Comercios que no especularon con los precios. Personas que compartían barbijos, agua, información. La comunidad se organizó espontáneamente antes de que hubiera protocolos oficiales. Equipos de limpieza se conformaron barrio por barrio. Nadie esperó que alguien les dijera qué hacer. 

El intendente Marcelo Cascón salió a calmar a la población: aseguró que no existía riesgo en el consumo de agua proveniente de las redes domiciliarias y la principal recomendación fue quedarse en las casas. Pero esa noche también emergió una pregunta que incomodó a la gestión municipal: ¿por qué no se había comunicado a la población el estado de alerta amarilla para que tomara previsiones?

Cascón respondió que, del "análisis técnico" de la situación y en función de los "protocolos de acción", se había determinado "trabajar hacia adentro, entre las instituciones". "Es una decisión técnica", insistió. Con el paso de los días, Cascón convocó a todos los sectores y organizaciones a una mesa multisectorial para tomar decisiones colectivas, definir qué tipo de ayuda se iba a pedir y qué paliativos hacían falta en lo económico y lo laboral. "El discurso fue uno solo", recordaría años después.

Bariloche demostró, una vez más, que frente a lo imprevisible, su mayor fortaleza no está en sus cerros ni en su lago. Está en su gente.

Las semanas y meses que siguieron

El aeropuerto cerró esa misma tarde y no volvería a operar con normalidad hasta 2012. La temporada de invierno —el corazón económico de la ciudad— quedó en suspenso. El volcán continuó en emisión durante meses, con actividad registrada hasta febrero de 2012. En la Línea Sur se perdieron miles de cabezas de ganado.

El lago Nahuel Huapi sufrió cambios en la coloración del agua y mortandad de peces. En Bariloche cayeron cuatro centímetros de ceniza; en Villa La Angostura, veinte. La crisis fue profunda y duradera. Pero Bariloche la atravesó.

Hoy, 4 de junio de 2026, quienes vivieron ese sábado lo recuerdan con una mezcla de asombro y orgullo. Asombro ante la fuerza descomunal de la naturaleza —una erupción comparable en energía a 70 bombas atómicas, cuyas cenizas dieron la vuelta al mundo y llegaron a Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. Y orgullo por cómo esta ciudad respondió: unida, solidaria, sin perder la calma.

El volcán sigue ahí, del otro lado de la cordillera. Y Bariloche también.

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