Por: Bache3000
La costanera ya no es la misma. Los pinos exóticos que durante décadas enmarcaron la postal del lago Nahuel Huapi desde la 12 de Octubre fueron removidos, y Bariloche todavía no termina de procesar lo que pasó. Una encuesta realizada por Bache3000 —con 1.437 respuestas, una de las más masivas que hicimos— desnuda una ciudad partida, con opiniones fuertes en todos los rincones.
Los números son contundentes pero no sencillos. El 47% eligió la opción más tajante: "Sí, rompían todo". Para casi la mitad de los encuestados, los árboles eran un problema estético o funcional, y su remoción era necesaria. Es la respuesta mayoritaria, pero está lejos de ser una victoria aplastante. Otro 16% también apoyó la medida, aunque con matices: "Sí, pero me da pena". Una mayoría que celebra, con algo de nostalgia en el bolsillo.
Del otro lado, un 29% respondió "No, son nuestra historia", la opción más cargada simbólicamente de las cinco. Casi tres de cada diez barilochenses que participaron de la encuesta ven en esos pinos algo más que árboles: ven identidad, memoria, pertenencia. A ese grupo se le suma un 6% que rechazó la poda por razones ambientales —"No, son seres vivos"— y un 2% que no supo o no quiso responder.
El resultado final: 63% a favor, 35% en contra, con la grieta más profunda corriendo no por la política sino por la pregunta de qué es Bariloche y quién tiene derecho a transformarla. La discusión desbordó las redes, llegó al Concejo Deliberante y puso en el centro un debate que esta ciudad raramente da de frente: ¿qué hacemos con lo que heredamos cuando lo que heredamos no es nativo?
Los pinos de la costanera eran exóticos, sí. Pero también eran, para muchos, los pinos de toda la vida. Y esa tensión —entre lo ecológicamente correcto y lo emocionalmente arraigado— es exactamente la que esta encuesta dejó al descubierto.