domingo 07 de junio de 2026 - Edición Nº479

El Bardo de Siempre | 7 jun 2026

BACHE, CON ARJONA

Arjona en Bariloche: cuatro días que la ciudad nunca pidió

12:54 |Bache 3000 siguió al cantante romántico en su visita a la ciudad. Lo que vivimos no tiene nombre, pero tiene melodía.


Por: Bache3000

El cantante guatemalteco Ricardo Arjona llegó a Bariloche y le pidió a Bache 3000 que lo siguiera. No sabemos por qué nos eligió a nosotros. No sabemos si fue una señal del universo, un karma pendiente, o simplemente que somos los únicos que respondimos el teléfono. Lo cierto es que lo seguimos. Y esto es lo que vimos.

 

Lo primero que hizo al pisar la costanera fue treparse al caballo de roca. Sin aviso, sin permiso, sin escolta. Ahí, a tres metros del suelo y ante la mirada atónita de un grupo de turistas brasileños que habían venido a sacarle una foto al lago, el guatemalteco se arrancó con un par de estrofas. No vamos a decir cuáles porque el que las escuchó ya lo sabe, y el que no las escuchó tiene suerte.

Lo siguiente fue más difícil de procesar. Arjona se enteró de la existencia de la concejal Mari Coronado y decidió que merecía una canción. Nosotros intentamos disuadirlo. No pudimos. Le cantó, con toda la convicción de un hombre que cree en lo que hace, "Señora de las Cuatro Décadas". La concejal no estaba al tanto de la visita. Nadie estaba al tanto de nada en este viaje.

Como hombre de compromisos firmes y gestos contundentes, Arjona subió al Cerro Catedral para protestar contra el desarrollo inmobiliario que CAPSA quiere instalar en la montaña. Se encadenó. Duró entre cuatro y cinco minutos, él mismo no lo tenía claro. Dejó sentada su posición. Después se desencadenó y pidió un café.

Gerardo del Río, presidente del Concejo Deliberante, lo recibió con la diplomacia de quien no sabe bien qué está pasando pero tampoco quiere ser maleducado. El cantante se mostró genuinamente interesado en las reformas de la Carta Orgánica previstas para septiembre. Tomaron mate. Hubo un silencio incómodo. Nos fuimos.

Convencido de que su música puede cambiar vidas, Arjona se sumó a los chicos que de noche recorren la costanera con los caños de escape abiertos. Anduvo en moto. Luego juntó a algunos de los presentes, los invitó a una cerveza y les habló de sus situaciones de vida. Les dijo que se rescaten. Cuando se largó a cantar, la reunión se disolvió rápidamente y Arjona tuvo que ser retirado del lugar con asistencia policial. Sin heridos. Con dignidad relativa.

Al día siguiente, solidario con la gestión del intendente Walter Cortés, agarró una motosierra y bajó un par de pinos. Lo hizo con entusiasmo. No vamos a opinar sobre eso.

Evangélico confeso, Arjona no podía irse sin asistir a una celebración religiosa en el estadio Pedro Estremador. Cantó. Bailó. Se mezcló con el público como uno más. Estuvimos ahí. También cantamos. No fue nuestro mejor momento.

Lo último fue lo más raro, y eso es mucho decir. Arjona nos llevó hasta la orilla del Nahuel Huapi de noche, nos pidió que fuéramos con cuidado y no nos dijo adónde íbamos. Tocó un par de coplas en la guitarra. Y del lago emergió el Nahuelito. Arjona lo alimentó, le cantó, el Nahuelito lo escuchó con paciencia durante unos minutos y después, como cualquiera, se sumergió de nuevo y no volvió a aparecer.

Para cerrar su visita, se acercó al Centro Cívico donde los fans despedían al Indio Solari. Se metió entre la gente. Hizo pogo. Nadie lo reconoció, o nadie quiso reconocerlo. Fue, probablemente, el momento más honesto de todo el viaje.

Arjona se fue de Bariloche sin dar conferencia de prensa, sin postear en redes y sin dejar ninguna declaración oficial. Nosotros, que lo seguimos durante cuatro días por pedido suyo, tampoco sabemos bien qué fue lo que cubrimos. Pero acá está la crónica. Él nos la pidió. Nosotros cumplimos.

El Nahuelito, al menos, pareció disfrutarlo.

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