Por: Bache3000
Guillermo Adamo lleva cuatro meses y medio internado en el Hospital Zonal de Bariloche. Llegó tras un accidente y desde entonces su pareja, Natalia Olier, vive entre los pasillos del nosocomio tratando de sostener lo que el propio establecimiento no puede garantizar: calefacción, agua corriente y electricidad. Esta semana, decidió grabar un video y mostrarlo todo.
"No hay agua, no hay luz, no hay calefacción", resume Natalia frente a la cámara, mientras recorre la habitación. Las canillas están secas —"ni de acá ni de acá", dice mientras las abre una por una. La estufa que calienta el cuarto la trajeron ellos desde su casa. La luz que entra por la ventana es la única fuente de iluminación disponible desde hace dos días, cuando se cortó la electricidad en esa ala del hospital.
El problema no es menor. Guillermo necesita un colchón antiescaras eléctrico, indispensable para pacientes con movilidad reducida. Sin corriente, el aparato no funciona. Los demás equipos tampoco. En toda la habitación hay un solo enchufe operativo, el de la cama, y por eso tuvieron que reacomodar el cuarto en función de ese único punto de energía. "Me dijeron que traiga unas zapatillas si quería enchufar las otras cosas", relata Natalia, entre la resignación y la indignación.
La familia había hecho lo posible para que el espacio fuera más llevadero. Pusieron carteles motivacionales en las paredes, una pava eléctrica para prepararle un mate cocido o un té. Todo quedó inutilizado. "Le habíamos tuneado toda la habitación a Guille para que se motive a hacer ejercicios", explica. "Esta es la realidad del hospital. La desidia total."
Natalia dice haber hablado con enfermeras y médicos, sin que la situación se resuelva.