Por: Bache3000
El Instituto Municipal de Tierras y Viviendas para el Hábitat Social (IMTVHS), junto a la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), presentó el primer pre-diagnóstico del Observatorio de Alquileres, creado por la Ordenanza 3456-CM-2024. El documento sistematiza por primera vez toda la información disponible sobre el mercado de alquileres en Bariloche. Y los números pintan un panorama preocupante.
El dato central del informe es contundente: la proporción de hogares que alquilan pasó del 17% en 2001 al 26,2% en 2022. En números absolutos, los hogares inquilinos se triplicaron: de 4.394 a 13.797 en dos décadas. Bariloche, además, crece a un ritmo que pocas ciudades del país sostienen: entre 2001 y 2022 la cantidad de hogares se duplicó, con más de 1.300 hogares nuevos por año. La población, en cambio, creció mucho menos (45,6%), lo que indica hogares cada vez más chicos: parejas jóvenes, personas que viven solas, familias monoparentales. Todos demandando techo.
El informe pone números a una tensión conocida: la competencia entre el alquiler permanente y el alquiler turístico. Según datos de la plataforma AirDna, en Bariloche se ofrecen en promedio 2.500 viviendas en alquiler turístico, pero solo 365 están habilitadas. Es decir, apenas el 14,6% de la oferta turística está registrada.
La explicación es económica: en su momento se llegó a estimar una relación de uno a ocho entre la rentabilidad del alquiler permanente y el turístico. Con esa diferencia, miles de propietarios retiraron sus viviendas del mercado residencial para volcarlas a plataformas como Airbnb. El estudio detecta una incipiente recuperación de la oferta permanente desde 2024, pero advierte que el camino de regreso es lento: una vez que una vivienda se equipa y amuebla para el turismo, volver al alquiler tradicional no es inmediato.
A esto se suma otro dato que llama la atención: usando el consumo eléctrico como indicador, el informe estima que alrededor de 5 mil viviendas están ociosas, sin ningún uso habitacional. Representan más del 10% del parque residencial de la ciudad. La paradoja es evidente: las viviendas crecieron de 23 mil a 57 mil entre 2001 y 2022 —más del doble que la población—, pero ese crecimiento no se tradujo en más acceso a la vivienda para quienes viven y trabajan en la ciudad.
Los precios tampoco dan tregua. El relevamiento realizado durante 2025 muestra que los departamentos de 1 y 2 ambientes pasaron de $800.000 a $1.000.000 mensuales, los de 3 y 4 ambientes de $1.000.000 a $1.400.000, y las casas grandes duplicaron su valor: de $800.000 a $1.600.000. La única categoría que bajó fue la de casas chicas. El informe señala además que, desde la desregulación del mercado a fines de 2023, los alquileres suben por encima de la inflación, incluso con más oferta disponible.
El perfil que dibuja el informe rompe algunos prejuicios. Los inquilinos barilochenses son más jóvenes (el 67% de los jefes de hogar inquilinos tiene menos de 44 años), tienen mayor nivel educativo que los propietarios y mayor tasa de empleo. Pero, a pesar de eso, viven en condiciones más precarias.
El documento estima que unos 10 mil hogares —el 20% del total— se encuentran en situación de déficit habitacional, principalmente por hacinamiento. Y advierte que la respuesta del Estado quedó muy atrás: en las últimas dos décadas se generaron unas 7 mil soluciones habitacionales frente a 27 mil hogares nuevos. Apenas un cuarto de la demanda.
La conclusión es dura: en Bariloche, tener o no tener vivienda propia se convirtió en un factor que produce y reproduce desigualdad social. El pre-diagnóstico es el punto de partida del trabajo del Observatorio, que deberá generar información sistemática y actualizada sobre el mercado de alquileres. El documento también repasa experiencias internacionales —desde impuestos a la vivienda ociosa en Francia y Vancouver hasta la zonificación del alquiler turístico en ciudades europeas— que podrían servir de insumo para futuras políticas locales.
Mientras tanto, la pregunta de fondo sigue abierta: ¿cómo garantizar que quienes viven y trabajan en Bariloche puedan acceder a una vivienda digna en una ciudad donde el metro cuadrado rinde más como negocio turístico que como hogar?