Por: Bache3000
El Servicio Meteorológico Nacional —esa institución que uno consulta como quien le pregunta al cuñado si va a llover— decidió subir la apuesta. Ya no alcanza con el alerta amarillo, que en Bariloche tiene el mismo efecto que un cartel de "cuidado, piso mojado" en la orilla del Atlántico. Ahora es naranja. Alerta naranja. Que suena a cosa seria.
Y la gente lo sabe. Se nota en las caras. Hay algo en el barilochense de esta semana que recuerda al que espera a un ser querido en el aeropuerto: esa mezcla de ilusión, de cansancio de ilusionarse, y de bronca contenida por si acaso la cosa no llega. El año pasado no nevó nada. Bueno, casi nada. Suficiente para una foto pero no para esquiar, que es la diferencia entre una postal y un negocio.
Dicen que entre el jueves a la noche y el viernes a la mañana van a caer entre cuarenta y sesenta centímetros. Sesenta centímetros de nieve, para que quede claro de qué estamos hablando. Dicen que en las zonas altas puede haber viento blanco, que es cuando la nieve ya no cae sino que directamente te envuelve y te recuerda quién manda acá. Dicen que los vientos van a soplar del oeste a entre cuarenta y sesenta kilómetros por hora, con ráfagas que pueden pasarse de noventa. Como un camión que te pasa cerca en la ruta. Pero frío. Y nevando.
El Parque Nacional informa, con ese tono institucional que tiene algo de aviso fúnebre y algo de telegrama de amor, que habrá cierres preventivos. Que hay que revisar el Registro de Trekking. Que hay que consultar a Vialidad el estado de las rutas. Que hay que mirar la web del Club Andino para saber si los refugios están abiertos. Básicamente: que hay que hacer todo lo que nadie va a hacer hasta que no quede más remedio.

Porque así somos. Esperamos la nieve todo el invierno y cuando llega la miramos con esa mezcla de fascinación y pánico que solo produce lo que se deseó mucho tiempo. Como el amor, pero más frío y con mejor olor.
Queda bajo absoluta responsabilidad de los visitantes no respetar las indicaciones, dice el comunicado oficial. Lo cual es una manera elegante de decir: si te agarra en el cerro, es tu problema. Y tienen razón. La montaña no negocia. Nunca lo hizo. Le importa poco que hayas comprado el equipo más caro o que tu feed de Instagram sea impecable.
Así que chequeen las rutas. Revisen el pronóstico. Y si la nieve llega de verdad esta vez, salgan a verla caer aunque sea un momento. No por el turismo ni por la temporada ni por el PBI de la región. Sino porque hay cosas que todavía merecen ser vistas en silencio.