viernes 12 de junio de 2026 - Edición Nº484

Sólo el vecino salva al vecino | 12 jun 2026

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"El merendero de Sarita": el desgarrador relato de una vecina que pone sobre la mesa la crisis económica

15:24 |En su propio terreno, una vecina y equipo sostienen cada viernes un merendero que asiste a más de 35 familias. No recibe ayuda de ninguna institución: solventa los almuerzos y meriendas con su familia y donaciones de algunas empresas. "No solamente estamos dando, sino también escuchando, haciendo un poco de psicóloga", cuenta a Bache3000.


Por: Bache3000

Hay historias que se cuentan solas, y la de "Sarita" es una de ellas. Cada viernes, en un terreno de la calle Rolando 2647, entre Mange y ruta Juan Herman, decenas de vecinos y vecinas se acercan con un recipiente en la mano. Algunos buscan un plato de comida caliente; otros, una merienda; muchos, simplemente un abrazo. Todos encuentran en el merendero, que se llama "Mirada de Amor", a un gran equipo de colaboradores dirigidos por Sara, una jubilada barilochense que hace de su casa un refugio contra el hambre y la soledad en tiempos donde la crisis económica golpea cada vez más fuerte. 

El merendero no es nuevo, pero sí lo es esta etapa. "Estuve en el vivero hace como 15 años, dejé ahí y me vine a poner el merendero en mi casa, en mi terreno", relata Sara. Tras un tiempo de receso, hace cuatro años volvió a abrir las puertas. "Abrimos con dos cajas de ropa, dos cajitas de ropa que era de nosotros, y leche", recuerda sobre aquellos comienzos austeros, cuando apenas se acercaban siete u ocho personas.

Hoy la realidad es otra, y muestra de manera cruda cómo se profundizó la necesidad. "Hoy por hoy tenemos más de 35 familias, como 40 familias, y estamos repartiendo más o menos más de 110 viandas. Estamos con el trabajo hasta arriba, a veces saturados", describe. La demanda crece y no da tregua: "Una serie de pobreza que hay tremenda, tremenda, o mejor dicho, de necesidad".

Uno de los puntos que Sara remarca con claridad es que detrás de esta obra no hay ninguna institución. "No recibimos ayuda estatal del municipio, de la provincia. De nadie, de nadie", afirma. El merendero se sostiene con el esfuerzo de su propia familia, su esposo, sus hijos y ella, y con algunos aportes que se sumaron al enterarse de la iniciativa. "No es de privados, sino son dueños de una empresa de turismo, que son conocidos, amigos nuestros", aclara sobre quienes la acompañan. A ellos se sumaron, en los últimos tiempos, varias panaderías que donan pan y facturas: "Ahora, gracias a Dios, se sumaron otras panaderías más, y nos están bendiciendo con los panes".

Abren una sola vez por semana, todos los viernes, de cuatro y media a seis de la tarde. "Sería imposible mantenerlo durante toda la semana. No tenemos el espacio físico ni los insumos como para dar, ojalá pudiéramos", explica. Pero la necesidad no entiende de días: durante la semana, los vecinos golpean igual su puerta. "Vienen a pedir, por favor, si tenemos azúcar, yerba o fideos, lo que sea, porque están sin comer".

Y hay imágenes que se le clavan en la memoria. "El viernes pasado se fueron como tres familias sin la comida. Nos dolió mucho el corazón", cuenta. "Hicimos como siete u ocho paquetes de fideos y no nos alcanzó".

Pero el merendero de Sarita es mucho más que comida. "Estamos trabajando arduamente, no solamente dando, sino también escuchando. Haciendo un poco de psicóloga", dice, y en esa frase se condensa el corazón de su tarea. Una tarea que no reniega, sino que abraza.

Detrás de cada recipiente vacío hay una historia. "El otro día vino una señora que venía bien, normal, sana, y de repente le agarró un ACV, vino y se tiró a mis brazos", recuerda. Hay problemas de pareja, angustias, soledades. "Yo estoy ahí con el consejo sano, tratando de que sigan adelante". Y, sobre todo, un gesto que muchos hace tiempo no reciben: "Hay gente que nunca ha recibido un abrazo, sobre todo las mujeres. Y el respeto hacia su persona".

Sara insiste en una idea que repite como bandera: el valor de cada persona que se acerca. "Ellas tienen un valor. No porque vengan a pedir una comida, o porque no tengan trabajo, no tienen valor. Sí lo tienen, porque son seres humanos que quizá la sociedad misma los abandona", sostiene. Y los niños ocupan un lugar especial: "Vienen los niños, me dan un abrazo, se van contentos con los juguetes".

(LA FAMILIA TRABAJA EN UN NUEVO ESPACIO PARA EL COMEDOR LINDERO A SU CASA)

Hay relatos que le parten el alma. "Me dicen: hace como tres días que no mandó mi nena al jardín porque no tenemos nada. Le estaba dando mate cocido sin azúcar, pero ya llora y no quiere tomar", cuenta con la voz cargada. "Eso duele mucho el corazón".

Cuando se le pregunta por qué lo hace, Sara se queda un instante sin palabras. "No te podría explicar eso, porque surge y surge. Como que fluye el amor y ver la necesidad de los demás", responde. "Una criatura que anda con las zapatillas todas rotas, sin cordones y pasada de frío… yo digo, no corre sangre por tu vena para no darte un dolor en el corazón de ver una criatura así".

Ella y su esposo son jubilados, y ambos podrían elegir el descanso. "Estaríamos ahí mirando la tele y no importándonos nada. Pero tenemos el auto y salimos a buscar todas las donaciones que podemos", dice. "Dicen: ustedes están locos, tendrían que estar viendo la televisión." La respuesta de Sara es siempre la misma: una mezcla de alegría y tristeza. "Siento mucha alegría de poderle dar, y siento mucha tristeza de no poderle dar".

Su fe es el motor de todo. "En primer lugar siempre ponemos a Dios, porque es el que nos da la fuerza y nos impulsa a seguir adelante", dice. "Yo no juzgo a nadie, no soy quién para juzgar. Pero sí pido ayuda".

Cómo colaborar

El merendero de Sarita funciona en Rolando 2647, entre Mange y ruta Juan Herman, todos los viernes de 16.30 a 18. Reciben donaciones de alimentos, ropa, frazadas, colchones y camas. "Recibimos todo. Todos los que nos dan, los donamos, le damos a la gente que realmente necesita", asegura.

Podés comunicarte con Sara al 2944 69-3471 o al Facebook "Altar familar bariloche" y así ayudar en esta causa solidaria. 

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