domingo 14 de junio de 2026 - Edición Nº486

Yo no lo voté | 14 jun 2026

EL FUTURO YA LLEGÓ

El reglamento como excusa: el camino a la gobernación, ya arrancó

10:48 |Análisis. Detrás de la pelea por los bloques en la Legislatura de Río Negro no hay una discusión jurídica: hay una elección que ya empezó. La de 2027.


Por: Bache3000

Hay un truco viejo en la política, tan viejo que ya nadie se molesta en disimularlo: cuando conviene, el reglamento es la Biblia; cuando no, es un papel que se acomoda. Esta semana, en la Legislatura de Río Negro, el oficialismo lo volvió a hacer. Y lo hizo, además, con una prolijidad institucional que casi enternece.

El miércoles, en la comisión de Labor Parlamentaria, la mayoría que conduce Juntos Somos Río Negro resolvió que la Cámara conserve la misma estructura con la que arrancó en 2023: siete bloques, los de siempre, ni uno más. Quedaron así frenadas las bancadas que el propio vicegobernador Pedro Pesatti había autorizado —Creo Río Negro, alineada con Aníbal Tortoriello, y La Libertad Avanza, de César Domínguez—. Ocho legisladores se quedaron sin bloque propio. Sin oficina, sin asesores, sin lugar en las comisiones. Sin existencia, en términos parlamentarios. Como si no estuvieran. Como si la voluntad de unos votantes pudiera, por mayoría de jefes de bloque, dejar de existir un miércoles al mediodía.

Conviene detenerse acá, porque el detalle es el que importa.

El argumento del oficialismo es elegante: los legisladores deben agruparse tal como fueron electos. Si entraron por una alianza, que se queden en la alianza. Weretilneck lo dijo con todas las letras: una cosa es presentarse en una coalición electoral planteando la individualidad, y otra es ser electo por un partido y después pasarse a otro y cambiarse de nombre. Suena razonable. Suena, incluso, a sentido común.

El problema del sentido común es que casi nunca es común y casi nunca tiene sentido cuando lo mira de cerca.

Porque hay un razonamiento que toma al oficialismo de la palabra y le devuelve su propio reglamento como un boomerang. Dice, en criollo: si vamos a ser tan literales con el artículo 46 (que estabelce, si vamos a interpretarlo de manera tan taxativa, entonces hagámoslo en serio. El sujeto que ganó las bancas en 2023 fue la alianza Cambia Río Negro. No el PRO. No el ARI. La alianza. Entonces, por esa misma lógica de hierro, no debería existir el bloque PRO, no debería existir el bloque Coalición Cívica ARI-Cambiemos: debería haber un único bloque, Cambia Río Negro, con todos adentro, les guste o no.

Es un argumento incómodo, y por eso es bueno. Porque desnuda lo que la discusión jurídica esconde: que nadie acá cree de verdad en el reglamento. Que desde 1983 la conformación de bloques en esta Legislatura fue siempre una interpretación, un acuerdo, una negociación —y que reglamentarista, en política rionegrina, es apenas el nombre elegante que toma la conveniencia cuando se pone el traje de los miércoles.

Lo que se discute es 2027

Quitémosle entonces el disfraz al asunto. Esto no es una pelea por la letra del reglamento. Es una pelea por el poder, y más precisamente por una elección que todavía no llegó pero que ya empezó a jugarse: la de abril —o marzo— de 2027.

Tortoriello salió segundo en 2023 y construyó, desde entonces, una identidad propia. Cambia Río Negro fue su vehículo, y el oficialismo lo sabe: cada vez que ese espacio gana visibilidad, gana centralidad, gana la posibilidad de presentarse como la alternativa. La estrategia de Juntos es, por eso, quirúrgica: no se trata solo de negarle un bloque a Mc Kidd, a Ibarrolaza, a Picotti, a Doctorovich. Se trata de mermarle a Tortoriello el poder y, sobre todo, la identidad. Que no tenga nombre en la Cámara. Que no figure. Que la oposición siga fragmentada en pedacitos —el PRO por un lado, el ARI por el otro, los libertarios por el suyo— porque una oposición rota es la mejor noticia que un oficialismo puede leer en el diario.

Y ahí aparece el segundo frente, el que esta semana le complicó las cuentas a Weretilneck: Marcela González Abdala y Daniel Sanguinetti.

El anuncio de la salida de los dos legisladores del bloque de JSRN fue una bomba, y explotó en una jornada que para el oficialismo era histórica. El enojo de Juntos fue furioso, y hay que decirlo: fue completamente entendible. Nadie festeja una fuga en plena fiesta. Lo que pasa con la furia, sin embargo, es que rara vez es buena consejera.

La respuesta del oficialismo fue contundente —y reveladora—. A los que se fueron les echaron a sus funcionarios de los organismos donde estaban designados. Después, los dejaron sin oficina, les desafectaron al personal. Una represalia en regla, y lógica. El que entra por política, se va cuando no se está de acuerdo. Abdala terminó protegida por el bloque que conduce José Luis Berros y por Patricia Mc Kidd. Y acá está la paradoja que la furia no calculó: esa reacción tan visceral no hizo más que darle centralidad a una legisladora que, hasta ese momento, era  una pieza más del tablero. La convirtieron en personaje. La pusieron en el centro de la escena de la dirigencia provincial. A veces el castigo es la mejor campaña que se le puede regalar a un adversario.

Porque con la liberación de Abdala del corset de JSRN, Juntos deja un cabo suelto. Un cabo que puede complicarle las cosas en un futuro escenario electoral —y que no es un detalle menor en dónde puede complicárselas—. Y Bariloche, es clave para defnir la elección.

El factor Bariloche

Acá la geografía empieza a hablar. Abdala y Sanguinetti se potencian en la misma ciudad cordillerana donde Weretilneck tiene depositadas todas las esperanzas de una remontada de cara a 2027. Bariloche, esa ciudad que el año pasado dejó al oficialismo diez puntos por debajo del primero, donde los números no le cierran a Juntos por más que los mire de cualquier ángulo.

La estrategia de Weretilneck para revertirlo es clara y, hay que reconocerlo, es lógica: apoyarse en quien goza de una imagen de gestión que supera los 43 puntos. El intendente Walter Cortés. El problema es que las sociedades por necesidad —esas que no nacen del cariño sino de la aritmética— suelen venir cargadas de tensión. Y el PUL, el espacio de Cortés, se volvió competitivo, lo que es otra manera de decir que se volvió incómodo.

Cortés le reclama a la provincia mayor presencia económica y le tira el camión encima con un argumento de hierro: el que necesita esos 43 puntos de gestión positiva es Weretilneck, porque las elecciones son en marzo. Es la lógica del que sabe que tiene la sartén por el mango y no piensa soltarla gratis. Fuera de Cortés, Juntos no tiene demasiado para ofrecer en una pelea barilochense que el año pasado le fue esquiva.

Así que el destino de ambos quedó atado, aunque ninguno lo haya elegido del todo. Si fuera por buena parte del PUL, se deslindarían de JSRN e irían solos, sin cargar con el costo eventual de perder en marzo del lado de Weretilneck. Algunas de esas señales asoman en el discurso del intendente cuando habla con los medios —ese código en el que los políticos dicen lo que todavía no se animan a hacer—. Pero la aritmética manda: por más que no se quieran, por más que se disputen y hasta se hagan zancadillas, están condenados a viajar juntos. Al menos hasta marzo.

Lo cierto es que, por ahora, todo se va a calmar. No por madurez institucional, no por acuerdos profundos, no porque alguien haya entendido nada. Se va a calmar por una razón mucho más prosaica y mucho más argentina: llegó el Mundial. Y en este país, cuando rueda la pelota, hasta las peleas por el poder hacen una pausa para mirar el partido.

Después seguirá. Siempre sigue. Porque debajo del reglamento, debajo del artículo 46, debajo de las resoluciones y las contrarresoluciones, lo que late es la misma vieja historia: alguien quiere conservar lo que tiene y alguien quiere quedarse con lo que el otro tiene. El resto —la letra, la doctrina parlamentaria, las cuatro décadas de práctica institucional desde 1983— es el decorado. Necesario, eso sí. Porque la política, como el teatro, necesita que alguien crea que lo que pasa en el escenario es de verdad.

Aunque todos, en la platea, sepamos que falta mucho para abril.

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