domingo 14 de junio de 2026 - Edición Nº486

Sólo el vecino salva al vecino | 14 jun 2026

PARA NUNCA OLVIDAR

Wireless Ridge, la última carga: el barilochense Carlos Aristegui y el contraataque suicida de la A Tacuarí

13:11 |A 44 años de la batalla final por Puerto Argentino, cuatro oficiales —entre ellos el barilochense Carlos Aristegui— reconstruyen la madrugada del 14 de junio de 1982, cuando un puñado de hombres del Ejército Argentino avanzó a pecho descubierto contra las posiciones inglesas para auxiliar a un regimiento que se desangraba. La orden de repliegue nunca les llegó.


Por: Bache3000

Pasaba la medianoche del 13 al 14 de junio de 1982 cuando el capitán Zunino, jefe de la Compañía A Tacuarí, reunió entre las rocas a sus jefes de sección y dio la orden que cambiaría todo: había que salir ya hacia Wireless Ridge para apoyar al Regimiento de Infantería Mecanizada 7, que llevaba 48 horas siendo arado por la artillería británica. No había tiempo ni vuelta atrás. Los suboficiales prepararon a los soldados en minutos y el plan quedó dicho de boca en boca, porque no tenían radios: cruzar el valle del arroyo Moody y subir a contrapendiente las laderas, avanzando en cadena, hombro con hombro, como se combatía en las guerras de la independencia. Caminar a cuerpo gentil hacia el enemigo. "Qué cojones", resume uno de los protagonistas el peso de esa decisión.

El campo de combate estaba iluminado por las fuerzas propias y enemigas. La sección del teniente primero Rodríguez y la del subteniente barilochense Carlos Aristegui atacaban de frente, el teniente Monez Ruiz envolvía y el teniente Dobroevich apoyaba con los morteros. Cuando las secciones ya cruzaban el valle, el general Jofre ordenó suspender la operación y replegar la compañía hacia el monte Tumbledown. Zunino mandó estafetas para avisar del cambio de planes, pero los hombres de Rodríguez y Aristegui nunca se enteraron: siguieron subiendo la ladera sur, solos, hacia un combate que el general británico Julián Thompson describiría en su libro No Picnic como una carga de unos cuarenta argentinos al amanecer, contra la Compañía C inglesa, cuando casi no quedaban municiones y la orden del lado británico fue calar bayonetas y preparar granadas. Lo que esperaba a la A Tacuarí era el combate cuerpo a cuerpo.

A poco de empezar el ascenso llegó el fuego desde las piedras de las alturas. Cayó herido el sargento Villegas mientras intentaba alcanzar la cima al frente de su grupo; sus propios soldados, arriesgando la vida, lo rescataron y lo sacaron para que lo atendieran. En medio del combate, Rodríguez y Aristegui se reencontraron y, al comprender que estaban completamente aislados, Rodríguez ordenó a Aristegui ponerse bajo su mando y continuar el ataque por la derecha. Minutos después, una ráfaga inglesa hirió al barilochense en el cuello y lo dejó fuera de combate. Sus soldados lo evacuaron sin dudar. Uno de ellos, según relata Víctor Hugo Rodríguez en Llevando la Patria al hombro, le dijo al oficial mientras lo cargaban que se quedara tranquilo, que se había portado bien con ellos y que lo iban a sacar de ahí.

El enemigo ya coronaba la altura, con los medios y la fuerza para repeler cualquier intento. Con los que quedaban, Rodríguez intentó seguir subiendo, pero fue imposible. Terminó bajando de Wireless Ridge para reencontrarse con Zunino e intercambiar información sobre la situación de la compañía. Más allá de los errores de distinta índole que se cometieron aquella noche, el relato reivindica el honor de haber conducido a soldados y suboficiales argentinos en un combate desigual por los medios y el tiempo, hombres que siguieron a su jefe de sección —un cadete de cuarto año devenido en subteniente— hasta el momento de estar dispuestos a entregar la vida en un contraataque tan heroico como suicida, para socorrer a camaradas de otro regimiento.

Honor y gloria para los cuatro caídos en combate de aquellas horas: Julio César Segura, muerto al mediodía del 13 de junio; José Antonio Reyes Lobos, caído el 14 durante el repliegue; Andrés Aníbal Folch; y el soldado maestro Julio Rubén Cao, de la Compañía Comando. Hubo además 27 heridos.

(Relato firmado por el Tte 1ro Rodríguez, el subteniente Carlos Aristegui, el sargento Villegas y el sargento Salor).

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