miércoles 17 de junio de 2026 - Edición Nº489

Sólo el vecino salva al vecino | 17 jun 2026

ESTO ES UNA LOCURA

Las estrellas, cuando mueren, se tragan todo a su paso: Bariloche estalló con el último Mundial de Messi

00:33 |Tres goles del capitán, una pantalla gigante en el Centro Cívico y miles de barilochenses que convirtieron el frío de la montaña en una fiesta. Mate, fogones, banderas y algún vino escondido en la mochila. El Mundial empezó, y la ciudad lo gritó como propia.


Por: Bache3000

 

Hacía frío, pero no importó. Con fogones improvisados, mate pasando de mano en mano, café para aguantar la noche y alguna cerveza o vino bien escondidos en las mochilas, el Centro Cívico se transformó este martes en el corazón de una fiesta que hizo explotar a Bariloche. La pantalla gigante —antillluvia, por las dudas— alcanzó para que la ciudad tuviera su lugar de encuentro, y vaya si lo tuvo.

La selección argentina debutó en el Mundial 2026 con una goleada por 3-0 sobre Argelia en el Arrowhead Stadium de Kansas City, y lo hizo de la mano de Lionel Messi, que firmó el primer hat-trick de su carrera en una Copa del Mundo. Tres goles del 10, que además quedó como máximo goleador histórico de los mundiales, igualando los 16 de Miroslav Klose. Su último baile. Su última fiesta.

Y Bariloche lo sintió así. La gente cantó, alentó, saltó. Cada gol fue una explosión que rebotó contra la piedra del Centro Cívico y se perdió en la noche patagónica. No fue solo ver un partido: fue estar juntos, ser parte, hacer que la cordillera se sintiera por un rato tan cerca de Messi como cualquier estadio de Estados Unidos.

Cuando el árbitro pitó el final, la celebración se desbordó. Miles de barilochenses se acercaron al centro a festejar con bombo, bandera, corneta y cánticos. La euforia no entendía de termómetros ni de horarios. El campeón del mundo había arrancado su defensa del título, y la ciudad respondió como sabe.

Dicen que las estrellas, cuando mueren, se tragan todo a su paso. Parece que es cierto. Este martes, miles de barilochenses fueron testigos de cómo Messi, en su último Mundial, volvió a arrastrar a toda una ciudad detrás suyo. 

El frío no le importó a nadie. 

 

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