Por: Bache3000
La isla Huemul vuelve a estar en agenda. El proyecto que impulsa la actual gestión municipal de Walter Cortés para reactivar el paseo turístico hacia el islote y reconvertir el puerto San Carlos en un espacio navegable despierta entusiasmo entre quienes conocen el lago de toda la vida. Uno de ellos, Darío Pargade, exsecretario general del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) en Bariloche entre 1987 y 2016, dialogó con Bache3000 y respaldó sin reparos la iniciativa: "Tener un recurso de esa envergadura y no aprovecharlo me parece un despropósito", planteó.
Para Pargade, dejar a la isla librada al deterioro es "una picardía". "Un lugar tan emblemático como la isla Huemul, no mostrarla con toda la historia que tiene detrás, es una picardía. Así que me parece bárbaro, me parece fabuloso", afirmó. Su argumento central apunta a una deuda histórica de la ciudad con su geografía: "Hemos siempre vivido de espaldas al lago y es una picardía, es prácticamente nuestra mejor postal", sostuvo, comparando a Bariloche con destinos como Chile o Carlos Paz, donde la relación con el agua es parte central de la vida urbana.
El atractivo de la Huemul, para Pargade, excede al paisaje. "El atractivo más allá del entorno de la isla y lo que es la isla en sí, es la historia", remarcó. Allí late el recuerdo del proyecto científico que el austríaco Ronald Richter encaró en los años 40 con el aval de Juan Domingo Perón, un emprendimiento de fusión nuclear que fracasó pero que, según el entrevistado, "dio origen a la Comisión Nacional de Energía Atómica, con todo lo que eso significa hoy en día". De aquel germen, recordó, derivaron instituciones que hicieron de Bariloche un polo científico: el INVAP, el Instituto Balseiro y el desarrollo nuclear argentino.
La memoria de Pargade se remonta a una época en la que el lago y sus islas tenían "vida real". "Somos una familia bastante ligada al lago" desde los años cuarenta, contó, con tíos guardaparques —uno de ellos le da nombre a la escuela de Isla Victoria, la Guardaparque Aurelio Parga—, primos nacidos en la isla y parientes que trabajaron en el vivero. "Cuando todos esos lugares como la Victoria tenían vida propia, era un mundo de gente trabajando, brindando servicios", evocó, antes de lamentar el "retroceso bastante importante" que, a su juicio, arrancó en los años noventa con "la destrucción del Estado". Hoy, dijo, "uno visita la isla y le falta vida".
El plan oficial busca, justamente, recuperar ese pulso. El intendente Cortés instruyó a las áreas de Planeamiento, Obras Particulares y Áreas Protegidas para la puesta en valor del islote, con el objetivo de reactivar una excursión lacustre interrumpida hace más de dos décadas. El subsecretario de Planeamiento, Alfredo Allen, detalló que el municipio ya desembarcó en la isla para limpiar senderos y caminos en el complejo atómico, y que hay que reconstruir y trasladar el muelle original, "algo nunca hecho en Bariloche", además de reparar el puerto San Carlos. El municipio también inició el proceso de adquisición de una embarcación de apoyo logístico para trasladar materiales y cuadrillas.
La pieza clave es el puerto céntrico, ubicado debajo del Centro Cívico. Cortés anunció que se comenzará con el dragado para que puedan acceder embarcaciones, con la idea de hacer un "puerto libre", navegable y con amarres administrados por la Municipalidad, por un canon cuyos recursos se destinarían a mantener y embellecer el puerto. Pargade describió ese mismo esquema desde su conocimiento del rubro: "Va a ser un servicio que va a prestar el municipio, con algunos cánones mínimos. Para esto tienen que habilitar el puerto, limpiarlo, adecuarlo, darle una vista y un uso como tiene que ser".
Los antecedentes muestran un largo historial de intentos frustrados. La isla fue parte del Estado nacional, luego provincial, y recién en 1987 fue transferida al municipio; en 1992 se otorgó una concesión turística que se rescindió por incumplimientos en 2004. Desde entonces, sobre la Huemul se proyectaron ideas de todo tipo —un casino, un predio similar a Tecnópolis, hoteles exclusivos e incluso una cárcel—, pero nada prosperó. Pargade conoció esos vaivenes: "De hecho hubo una licitación y una votación, y el concesionario de ese momento hizo una inversión bastante importante ahí. Después no sé si no habrá funcionado o la encaró mal". Sobre las polémicas recurrentes, fue claro: "Las polémicas siempre han sido cuando aparecía algún proyecto medio faraónico", como la idea de "poner un casino o la isla de la alegría".
El dirigente subrayó que la cercanía de la Huemul la vuelve ideal como punto de contacto con el lago para el barilochense, especialmente para los más chicos: "No hay mejor manera de valorar el lugar de uno que conociéndolo". Y advirtió sobre el cuidado que exige el sitio: "La isla Huemul no deja de ser una islita chica, que hay que tener mucho cuidado con lo que se quiera hacer, porque por ahí se invade y se destruye lo poco que hay".
Hacia el final, Pargade dejó una reflexión sobre los misterios que el Nahuel Huapi sigue alimentando. "Nunca vi nada que no tenga explicación", aseguró, antes de relatar la vez que confundió una efervescencia perfecta de diez metros de diámetro con "una mantarraya gigante", cuando en realidad era gas liberado por la madera podrida de un viejo aserradero sumergido. Aun así, no le quita romanticismo al lago: "Es un misterio. Siempre va a ser un misterio. Tiene más de quinientos metros de profundidad en ciertos lugares, debe haber cosas". Como la leyenda del Lago Ness, dijo entre risas, "elijo creer".