domingo 21 de junio de 2026 - Edición Nº493

El Bardo de Siempre | 21 jun 2026

PATADA NINJA

"¿Se podrá al menos respetar su muerte?": el lapidario descargo de una bióloga por los árboles de la costanera

11:02 |La especialista Marcela Ferreyra cuestionó con dureza la tala de unos setenta ejemplares históricos y la decisión de convertir sus restos en esculturas. "Es una verdadera profanación a un cuerpo que aún está latente", advirtió.


Por: Bache3000

La pérdida de los árboles de la costanera sumó una voz que no se queda en el reclamo ambiental de coyuntura. La bióloga Marcela Ferreyra publicó un extenso descargo en el que combina su formación científica con una reflexión filosófica y espiritual, y en el que apunta directamente contra la gestión municipal por lo que considera una falta de respeto por la vida.

Según relató, en los últimos días la municipalidad sacrificó unos setenta árboles históricos, íntegros y sanos, sin que hasta el momento se haya explicado con claridad el porqué ni el para qué de la decisión. Esa falta de respuestas es uno de los ejes de su cuestionamiento.

Pero lo que motivó su escrito fue lo que vino después de la tala. En lugar de retirar los restos, la municipalidad empezó a tallar los troncos que quedaron en pie sobre la costanera para transformarlos en esculturas. Esa intervención —que ya está en marcha— es el corazón de la crítica de Ferreyra: para ella, no se trata de un gesto artístico inofensivo, sino de una acción sobre cuerpos que, sostiene, todavía no terminaron de morir.

Ferreyra parte de su propia disciplina para construir el argumento. Aunque se define como científica, sostiene que hay una dimensión de la Naturaleza que la Ciencia no alcanza a explicar. Desde esa convicción plantea que cada ser vivo —desde las criaturas microscópicas hasta los humanos, pasando por insectos, hongos, aves y árboles— es único, tiene un alma y posee el mismo derecho a existir y a ser respetado. Para la bióloga, el ser humano no tiene supremacía sobre las demás especies.

En su texto apela a la evidencia científica reciente para sostener que los árboles sienten, sufren y se comunican entre sí. Cita las investigaciones del alemán Peter Wohlleben, autor de "La vida secreta de los árboles", y de la canadiense Suzanne Simard, que han documentado cómo los árboles intercambian sustancias y mensajes, e incluso cómo los ejemplares sanos tienden lazos con otros enfermos o debilitados para mantenerlos con vida.

Es a partir de ese punto que llega su acusación más dura. Ferreyra afirma tener la certeza de que los troncos que quedaron en la costanera todavía no están muertos, que esa "chispa de Vida" sigue latiendo en su interior. Por eso considera que tallarlos y convertirlos en esculturas mientras su savia aún está fresca constituye "una verdadera profanación a un cuerpo que aún está latente", una falta de respeto tanto por la vida del árbol como por su derecho a una muerte digna.

El descargo deriva, hacia el final, en una pregunta incómoda sobre el rumbo de la propia especie humana. La bióloga se interroga sobre si, en el vértigo cotidiano, no estaremos extraviando la compasión, la empatía y el respeto por el otro, y se anima a hablar de una posible "involución del alma".

El cierre condensa todo su planteo en una sola pregunta, que funciona como reproche directo a la gestión: ya que no se supo respetar la vida de estos árboles, ¿se podrá al menos respetar su muerte?

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