lunes 22 de junio de 2026 - Edición Nº494

El Bardo de Siempre | 21 jun 2026

LE PIDIÓ DINERO POR FUERA DE LA APLICACIÓN

"De acá no te vas": el calvario de una turista atrapada en un Uber en plena Avenida Bustillo

Liliana pidió un viaje por la app, ya lo había pagado con débito, y el conductor la hostigó, frenó en la banquina, apagó el motor y la dejó tirada a mitad de camino. No es un caso aislado: otros usuarios denunciaron a Bache3000 que les cobran plata por fuera de lo abonado y que llega un auto y un chofer distintos a los que figuran en la aplicación. Todo en una ciudad donde la única ordenanza que iba a controlar el servicio fue vetada por el Municipio y quedó sin varios de sus artículos clave.


Por: Bache3000

Liliana es turista. Llegó a Bariloche a hacer lo que hace cualquiera que visita esta ciudad: conocerla, disfrutarla, sentirse segura. Este sábado 21 de junio, cerca de las tres de la tarde, pidió un Uber. Lo pagó con débito desde la propia aplicación, como indica el sistema. Lo que vino después fue una pesadilla.

Según el relato de la pasajera, apenas subió, el conductor le exigió dinero en efectivo. Liliana le explicó que el viaje ya estaba pago a través de la app. El hombre no aceptó. Insistió. La hostigó durante todo el trayecto. Cuando ella le pidió que parara, que no quería seguir hablando, que la estaba pasando mal, la respuesta fue peor: empezó a insultarla.

Y entonces frenó. Paró el auto en la banquina, a mitad de camino, sobre la Avenida Bustillo, y apagó el motor.

"De acá no te vas", le dijo. Y siguió insultándola sin parar.

"Sentí mucho miedo, terror de lo que me podía pasar. Estaba sacado", relató Liliana a Bache3000. El conductor bajó del vehículo, todavía gritándole, y la obligó a bajar a ella también. Liliana empezó a gritar pidiendo ayuda. La reacción del hombre fue sacar el teléfono y filmarla. Recién entonces, quizás al verse expuesto, decidió subirse y arrancar. La dejó sola, en plena ruta, lejos de todo.

Como pudo, temblando, Liliana pidió otro Uber. Esta vez llegó una conductora. "Me sentí contenida por ella. Me ayudó a hacer la denuncia a Uber y me llevó hasta mi alojamiento", contó. Una mujer que no la conocía hizo lo que la aplicación no garantizó: que llegara a destino sana y salva. Además, Liliana formalizó la denuncia ante el soporte de Uber, donde dejó asentado por escrito todo lo ocurrido durante el viaje.

"No puedo creer que esto haya pasado en mi Bariloche querido, y en una aplicación en la que se supone que tenemos que estar seguros", cerró.

No fue un hecho aislado

El testimonio de Liliana podría leerse como una desgracia individual, la mala suerte de cruzarse con un conductor violento. No lo es. Bache3000 recibió relatos de otros usuarios —que prefieren resguardar su identidad, un derecho que este medio respeta— que describen el mismo modus operandi: el chofer exige dinero en efectivo por fuera de lo que ya se abonó por la aplicación.

Hay un segundo patrón, igual de inquietante: usuarios que denuncian que el auto que llega y la persona que maneja no coinciden con los datos que muestra la app. Otro vehículo, otro conductor. Y esto, lejos de ser un detalle técnico, es la grieta por donde se cuela todo lo demás. Porque si quien te lleva no es quien figura registrado, ¿quién responde cuando algo sale mal? ¿A quién se denuncia? En el caso de Liliana, esa pregunta queda abierta y sin respuesta.

¿Cómo se llegó hasta acá? En noviembre de 2025, el Concejo Deliberante aprobó una ordenanza que regulaba las plataformas de transporte. La norma, impulsada por la concejal Roxana Ferreyra, creaba un registro municipal de conductores, exigía licencia profesional, domicilio legal en Bariloche, seguros y vehículos de no más de diez años de antigüedad. En otras palabras: controles. Trazabilidad. Responsabilidad.

La ordenanza fue vetada por el Municipio, que dejó sin efecto la mayoría de sus artículos. Cuando el Concejo intentó ratificarla en diciembre, no se alcanzaron los votos necesarios para sostener ocho artículos clave: los que establecían el registro de conductores, la comisión veedora, la autoridad de aplicación y el régimen de infracciones quedaron sin vigencia.

El resultado es el que hoy padece Liliana y padecen tantos usuarios: un servicio que mueve a miles de personas —turistas y vecinos— sin un registro municipal que diga quién maneja, sin control efectivo sobre los conductores, sin una autoridad local a la que reclamar. Un vacío normativo que deja a los pasajeros sin un marco de protección y sin a quién reclamar cuando algo sale mal.

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