Por: Bache3000
Desde fines de abril, una parte del microcentro de San Carlos de Bariloche se transformó en zona de riesgo para quienes la transitan todos los días. Un perro de gran porte, color negro con pecho blanco y collar azul, conocido en redes sociales como "Simón el Escapista", protagoniza ataques recurrentes contra repartidores, ciclistas, motociclistas y vecinos en el corazón de la ciudad. La problemática, lejos de resolverse, lleva meses sin respuesta concreta de los organismos competentes.
El caso que terminó de visibilizar la situación ocurrió el 21 de abril, cuando un repartidor que circulaba en bicicleta hacia un local de comidas rápidas fue atacado de imprevisto a la altura del reloj de la plaza. El animal le provocó una herida por mordedura en el gemelo de la pierna izquierda, lesión que debió ser constatada en la guardia del Sanatorio San Carlos. Al día siguiente, el trabajador inició los tratamientos preventivos correspondientes, incluyendo vacunas antitetánicas y antirrábicas.
A partir de allí comenzó un recorrido por las instituciones que, según relata, solo acumuló trabas. En la comisaría le informaron que ya conocían la problemática vinculada a este animal. En Zoonosis tomaron su denuncia y le indicaron que, si volvía a ver al perro, llamara al 103 para que fuera retirado; sin embargo, pese a varios encuentros posteriores y numerosos llamados, nunca acudieron a buscarlo. Cuando se presentó personalmente a reclamar, el director del área, Pablo Roque, le manifestó que el organismo solo actuaría por orden de un fiscal, y no le entregó constancia escrita alguna.
La causa quedó formalizada en Fiscalía bajo la carátula "NN s/ lesiones", con intervención del fiscal Guillermo Lista. En la denuncia penal, el damnificado reclama un resarcimiento de 400.000 pesos por gastos médicos, medicamentos y días laborales perdidos, y aporta fotos y videos del perro en la vía pública como respaldo. Al cierre de este informe, transcurrieron casi dos semanas sin novedades sobre el avance del expediente.
Mientras la causa avanza con lentitud, los ataques continuaron. El radio de acción del animal abarca el Centro Cívico y las calles Mitre, Quaglia, Urquiza, Moreno y la intersección de Juramento con 20 de Febrero, arterias de alto tránsito y fundamentales para quienes trabajan en el reparto. Según numerosos testimonios, el perro suele atacar de manera sorpresiva, principalmente durante la noche, aprovechando sectores con poca iluminación. Las consecuencias incluyen mordeduras, caídas, rotura de ropa de trabajo y daños materiales. En uno de los episodios más graves, una repartidora cayó de su motocicleta y terminó debajo de un automóvil que logró frenar a tiempo, evitando una tragedia.
La investigación del propio trabajador permitió identificar al animal y a su entorno. El perro tiene dueña —una mujer identificada como Flor Vidal—, nombre propio y hasta perfiles en redes sociales, donde aparece bajo la cuenta de Instagram "Simón el Escapista". En publicaciones de Facebook, la propietaria difundió imágenes del animal como un perro que "se escapa" y regresa, lo que contradice la versión de que estaría abandonado. Otros usuarios, en cambio, lo presentan como un cachorro sin hogar que "sale a morder a los que andan en moto".
El punto más sensible aparece en los testimonios de repartidores que intentaron comunicarse con la dueña a través de los teléfonos publicados en redes. Según afirman, ella reconocería estar al tanto de la situación, pero no habría tomado medidas efectivas porque retirar al perro de la calle "pondría triste al animal". Algunos trabajadores incluso denuncian haber recibido respuestas hostiles o amenazas por parte de allegados a la propietaria al pedir una solución.
El reclamo, sostienen, excede al sector de los repartidores. El perro también atacó a vecinos, ciclistas y motociclistas, y el caso expone una preocupación más amplia sobre el control de animales sueltos en espacios públicos y la falta de respuesta estatal. Entre los repartidores hay jóvenes que recién empiezan, adultos mayores y personas que sostienen económicamente a sus familias con esta actividad: cada caída, lesión o día sin trabajar representa un perjuicio concreto.
El objetivo de la denuncia pública, aclaran desde el sector, no es generar confrontaciones ni señalar a nadie, sino exigir una solución definitiva que garantice la seguridad de las personas y también la del propio animal, antes de que ocurra una tragedia que pudo haberse evitado.