Por: Bache3000
El auto tenía pegado un cartel de principiante. Sí, principiante. Y como si eso fuera poco, exhibía un certificado de discapacidad. Ambas, son restricciones e impedimentos para manejar profesionalmente y transportar pasajeros.
Pero el problema de fondo es más grave y tiene que ver con la habilitación. La Ley Nacional de Tránsito 24.449, a la cual la municipalidad está adherida, establece requisitos claros según el tipo de transporte que cargas. Para llevar pasajeros en un taxi o remís de hasta cuatro personas necesitás sí o sí la licencia categoría D1.
Y conseguir esa categoría no es gratis ni automático: te piden antigüedad como conductor, tenés que pasar un examen riguroso de salud, presentar antecedentes nacionales de conducta y cumplir una serie de exigencias pensadas justamente para garantizar que quien maneja esté en condiciones de tener vidas a su cargo.
Acá aparece otra trampa. Una persona con discapacidad, en la práctica, hoy no logra obtener el D1, que es exactamente la licencia que se necesita para hacer transporte.
¿Y qué pasa con el seguro? Simple: si no tenés la licencia correspondiente, no hay seguro que te cubra, porque no estás habilitado para transportar personas. Ante un accidente con heridos, el conductor queda colgado del pincel y el pasajero, a la buena de Dios. En este caso, habrá que ver quién deberá pagar por las roturas al comerciante que recibió el impacto del vehiculo, y destruyó todo el loca.