viernes 26 de junio de 2026 - Edición Nº498

agarrá la pala | 26 jun 2026

OPINIÓN

Dos jóvenes rionegrinos, una misma provincia

11:24 |Dos chicos rionegrinos de doce años, uno que mira el oleoducto más grande de la Patagonia y otro que descubre un reactor nuclear de investigación en Bariloche, no representan modelos enfrentados sino dos fortalezas de una misma provincia. Una reflexión sobre recursos naturales, conocimiento y el futuro que Río Negro tiene la oportunidad de construir.


Por: Gustavo Gennuso, ingeniero nuclear

Dos chicos jovencitos rionegrinos de doce años no se conocen. Uno es del Alto Valle, de Allen, y hace unos meses, durante una bicicleteada con amigos, vio en el horizonte las máquinas que empezaron a tender el oleoducto más grande que cruza la Patagonia. Caños de 30 pulgadas, soldaduras automáticas, grúas que se movían sobre el paisaje. Real. Y ese chico entendió, sin que nadie se lo explique, que algo grande está pasando en su provincia.

El otro es de Bariloche. Su escuela lo llevó de visita al Centro Atómico, donde vio laboratorios increíbles y hasta un reactor nuclear de investigación, el RA6. Luego, fue a las instalaciones de INVAP, donde se diseñan y construyen reactores nucleares, satélites y radares que después funcionan en Argelia, Australia, Egipto y los Países Bajos, entre otros países. Vio ingenieros jóvenes trabajando frente a pantallas y prototipos. Le contaron que esos reactores salvan vidas, porque producen los radioisótopos que se usan para diagnosticar y tratar el cáncer. Y ese chico también entendió, sin que nadie se lo explique, que algo grande está pasando en su provincia.

Esos dos chicos observan paisajes distintos, pero forman parte de un mismo Río Negro, al que aún le cuesta una integración plena.

La pregunta que debemos hacernos no es cuál de esas realidades elegir. La verdadera incógnita es cómo hacer para que ambas convivan y se potencien, para construir un futuro verdadero. Un proyecto real de territorio activo y con oportunidades para todos.

Recursos naturales y conocimiento

Durante décadas, Río Negro construyó una identidad ligada a la producción, el turismo y el conocimiento. Hoy, además, se ha convertido en una pieza clave del desarrollo energético argentino.

El Gobierno Provincial presenta los grandes proyectos de exportación de hidrocarburos como el nuevo apalancamiento del desarrollo rionegrino. Los números son grandilocuentes: el conjunto de obras que incluye el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur, el megaproyecto de GNL en el Golfo de San Matías y el gasoducto asociado concentran inversiones que superan los 30.000 millones de dólares. Es una cifra de impacto relativo. En sí, a Río Negro no le deja ningún tipo de margen alentador en el largo plazo.

El desafío no consiste solamente en acompañar esas inversiones y que se sigan multiplicando. También consiste en asegurar que parte de los beneficios permanezcan en la provincia y se traduzcan en mejoras concretas para los rionegrinos. Porque la provincia aporta su territorio, su costa, su golfo y su suelo para sostener un proyecto de exportación masiva que se instala en nuestra tierra.

No se trata de desconocer el trabajo que generan estas obras —generan trabajo, en un 80% a operarios rionegrinos durante la etapa de construcción del oleoducto; luego, no mucho más que eso—. Se trata de preguntarse si ese es el único modelo de desarrollo que queremos y tenemos como horizonte. Si la vocación de Río Negro es ser corredor de exportación de recursos no renovables, que no se transforman aquí y cuya renta principal tampoco se queda aquí. La vemos pasar, literalmente.

Lo que Bariloche construyó en décadas

Soy ingeniero nuclear, egresado del Instituto Balseiro. Trabajé en la Comisión Nacional de Energía Atómica y participé del desarrollo de los reactores nucleares de investigación que Argentina exportó, entre muchos otros, a Argelia, Egipto, Irán y Australia. Conozco de cerca lo que Bariloche produce cuando se apuesta por el conocimiento en lugar del facilismo extractivo. Claro, para eso, los que conducimos el Estado alguna vez –en cualquiera de sus dimensiones-, debemos estudiar y formarnos. No pensar en los negocios.

En Bariloche, conviven instituciones que pocas urbes del mundo de tamaño comparable pueden exhibir: el Instituto Balseiro, el Centro Atómico Bariloche, la Fundación Bariloche, ARSAT e INVAP, la empresa estatal rionegrina que diseña satélites y radares, y exporta reactores nucleares a cuatro continentes. INVAP cerró 2025 con exportaciones de alta tecnología que le reportaron una ganancia neta de casi 4.000 millones de pesos, con contratos internacionales activos que incluyen un proyecto de 300 millones de dólares con los Países Bajos. En la última década, acumuló exportaciones por más de 500 millones de dólares. No exporta recursos naturales: exporta inteligencia aplicada, la nuestra, la de acá, la que verdaderamente vale y hace la diferencia.

Esa diferencia no es semántica. Es estructural. Un reactor nuclear diseñado en Bariloche genera propiedad intelectual, empleo calificado, capacidad instalada y reputación internacional. Un barril de crudo enviado desde Punta Colorada, ¿qué genera? Un flete.

Detrás de cada uno de esos reactores hay años de formación universitaria, de investigación aplicada, de decisiones políticas que sostuvieron instituciones cuando hubiera sido más fácil abandonarlas. La educación no es el contexto del desarrollo tecnológico: es su condición. Sin el Balseiro, no hay INVAP. Sin INVAP no hay contratos con Holanda ni reactores en Australia. La cadena es tan clara como frágil: se rompe en el momento en que una sociedad decide que formar ingenieros nucleares es un lujo y exportar crudo es una necesidad, la de algunos.

La energía del futuro

El mundo entero está revisando su relación con la energía nuclear. Lo que durante décadas fue estigmatizado como símbolo de peligro, hoy es reconocido como fuente limpia, estable y sin emisiones de carbono. Europa la está recuperando. Asia la está expandiendo. El director del Organismo Internacional de Energía Atómica, el argentino Rafael Grossi, lo dijo con precisión: el mundo se mueve aceleradamente hacia la energía nuclear para mitigar los efectos del cambio climático.

Argentina posee capacidades únicas en este campo. La experiencia acumulada por la Comisión Nacional de Energía Atómica y las empresas asociadas del conglomerado nuclear coloca al país en una posición privilegiada frente a una demanda internacional creciente. La tecnología nuclear argentina no solo genera divisas. También produce conocimiento, propiedad intelectual y empleos de alta calificación. Y, además, salva vidas. Los radioisótopos producidos por la actividad nuclear permiten realizar diagnósticos y tratamientos que millones de personas utilizan diariamente en todo el mundo.

Las proyecciones del sector indican que una participación mínima en el mercado mundial de reactores modulares podría representar exportaciones del orden de los 4.500 millones de dólares por central. Y, a diferencia del petróleo y el gas, cuyo precio fija un cartel internacional, los reactores los diseñamos, los construimos y los vendemos nosotros. Los rionegrinos, los argentinos.

La energía nuclear no fractura el suelo. No contamina las napas. No incendia los montes y las montañas. En Bariloche, donde la conciencia ambiental no es un eslogan sino una convicción construida por generaciones, esta distinción importa. Divide aguas. No hay que elegir entre desarrollo y ambiente: esa es exactamente la trampa del extractivismo. La tecnología nuclear permite las dos cosas al mismo tiempo.

Una provincia inteligente

No creo que Río Negro deba elegir entre el petróleo y el gas o la ciencia. Tampoco entre el desarrollo económico y el cuidado ambiental.

Las provincias que progresan son aquellas que logran transformar sus recursos naturales en oportunidades duraderas y, al mismo tiempo, sostener la educación, la investigación y la innovación.

Los recursos no renovables tienen un límite. El conocimiento, en cambio, se multiplica.

Por eso, aquel chico del Alto Valle que observa el comienzo de una gran obra energética y aquel otro chico de Bariloche que descubre un reactor de investigación no representan dos modelos enfrentados. Representan dos fortalezas de una misma provincia. Una provincia capaz de aprovechar sus recursos naturales y, al mismo tiempo, construir futuro a través de la ciencia y la tecnología.

Porque quizás la mayor oportunidad de Río Negro no sea elegir entre una cosa y la otra. Quizás la verdadera oportunidad sea hacer ambas cosas al mismo tiempo.

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