Por: Bache3000
Después de que ayer se difundiera un video de un nuevo cruce en el Punto Panorámico del Circuito Chico, los integrantes de la feria de artesanos que funciona en ese mirador presentaron su descargo y aportaron documentación para dar su versión de los hechos, que se contrapone por completo con el relato que circuló inicialmente.
La feria del Punto Panorámico tiene cerca de treinta años de antigüedad y es uno de los espacios más emblemáticos del Circuito Chico. Según los feriantes, durante todo ese tiempo funcionó en armonía con el entorno natural y con los miles de turistas que pasan a diario por uno de los miradores más visitados de la ciudad. El conflicto, sostienen, tiene un único origen: la actividad de los fotógrafos que trabajan sacando fotos con perros San Bernardo.
Los puesteros denuncian que esa actividad se realiza sin ningún tipo de habilitación y la describen como explotación animal. Aseguran que el rechazo de los propios turistas, que muchas veces les señalan a los fotógrafos que el animal está siendo maltratado, deriva en peleas constantes. "Es increíble que Bariloche siga permitiendo este tipo de explotación animal", remarcan los feriantes en su descargo.
Pero el reclamo central pasa por la violencia. Los artesanos afirman que los fotógrafos son personas extremadamente agresivas y que, a lo largo del tiempo, acumularon cerca de treinta denuncias contra ellos en distintos organismos. Según detallan, presentaron denuncias en Gendarmería Nacional por presunta venta de estupefacientes en un puesto orientado a turistas y estudiantes; en el Ministerio Público Fiscal por agresiones físicas, verbales y amenazas; en la Subcomisaría 55ª para pedir intervención preventiva; en la Defensoría del Pueblo; y en la Comisaría de la Familia por violencia de género.

De todas esas presentaciones, los feriantes destacan que en los últimos días prosperó la denuncia por violencia de género. Relatan que una vendedora fue golpeada y que otras mujeres de la feria sufrieron acoso verbal y sexual. La Comisaría de la Familia, a cargo de Julieta Giordano, intervino finalmente en defensa de las trabajadoras y solicitó una orden de alejamiento.
Los puesteros sostienen que fue precisamente a raíz de esa medida que se difundió el video que se viralizó esta semana. Y dan su propia versión de esa jornada: aseguran que ese día tres feriantes fueron agredidos físicamente "en patota" y que incluso se pincharon las ruedas de un auto con un arma blanca.
Los artesanos también reclaman desde hace años que la Municipalidad formalice la feria. Afirman que mantuvieron varios encuentros con el subsecretario de Inspección General, Fabián Llacer, a quien le entregaron toda la documentación de cada feriante local junto con el reglamento de la feria firmado por todos los integrantes, con una sola excepción: los fotógrafos, que se negaron a firmarlo. "Se creen dueños del lugar", denuncian.
El planteo de los feriantes coincide con lo que el propio municipio anticipó esta semana: que la zona, antes de jurisdicción provincial y ahora municipal, será intervenida por la Policía Municipal, que exigirá registro y habilitación a todos los que trabajan en el lugar y desalojará a quienes no cumplan con las normas.
El pedido de los puesteros es claro y se reduce a una sola cosa: que las autoridades garanticen su protección para poder seguir trabajando en paz, como lo hicieron durante las últimas tres décadas, en lo que para muchas familias es su único sustento económico.
