Por: Bache3000
Doscientos cuarenta autos pararon este fin de semana en los controles de la Subsecretaría de Tránsito. De ahí salieron 27 actas y veinte fierros al corralón. Pero el dato que se lleva el premio es uno solo: 2,09 g/l, soplados en San Martín y Libertad por alguien que claramente confundió el volante con la barra del boliche.
Repasemos los números, que son una poesía. Once alcoholemias positivas. Once. Casi la mitad de las multas fueron tipos manejando con más graduación que un fernet mal medido. Nueve sin papeles, esos que "los tengo en casa, jefe". Cinco por "otras infracciones", el cajón donde Tránsito mete todo lo que no quiere explicar. Y tres cracks que vieron el control y dijeron "yo de acá me voy", pisaron el acelerador y se ganaron el acta más cara de todas: la de intentar fugarse de un operativo que está, justamente, ahí parado para agarrarlos.
Veinte vehículos retenidos —17 autos y 3 motos— pasaron la noche en el corralón mientras sus dueños, a la mañana siguiente, hacían cuentas con la cabeza partida.
Desde la gestión de Walter Cortés repiten: "trabajo preventivo", "conciencia vial", "de manera permanente". Y mirá, no les vamos a discutir. El laburo está. La linterna está. El alcoholímetro está. Lo único que también está, sin fallar nunca, es el próximo que va a soplar el sábado que viene, convencido de que a él no lo agarran.