Por: Bache3000
La Subsecretaría de Tránsito y Transporte no tuvo que salir a buscar el problema. Lo encontró en cada esquina donde puso un control.
Fueron 220 vehículos revisados en distintos puntos de la ciudad durante los operativos de fin de semana, la rutina preventiva de siempre. De ahí salieron 29 actas de infracción, y el desglose cuenta una historia conocida: 15 alcoholemias positivas, siete conductores que prefirieron pisar el acelerador antes que soplar el alcoholímetro, cuatro sin documentación en regla, dos por infracciones varias y uno que directamente se negó a hacer el control, como si no soplar fuera lo mismo que no haber tomado.
Veinte vehículos quedaron retenidos: diecinueve autos y una moto, todos con conductores que decidieron que el after podía seguir con las llaves en la mano.
El número que más pesa es el de Belgrano al 100: 1,49 gramos de alcohol por litro de sangre. El límite legal es 0,5. Alguien manejaba con casi el triple de lo permitido, entre casas, entre gente, entre el resto de nosotros que también estábamos en la calle esa noche sin haber elegido correr ese riesgo.
Desde el Municipio piden responsabilidad, piden respetar las normas, piden no manejar después de tomar. Lo piden porque hay que seguir pidiéndolo, porque el control de esta semana no va a ser el último y porque cada 1,49 que aparece en un alcoholímetro es una tragedia que no llegó a pasar de milagro, no por mérito de nadie.
Bariloche sigue soplando. Bariloche sigue debiendo aprender que hay agua de la que no se bebe antes de subirse a un auto.