viernes 10 de julio de 2026 - Edición Nº512

Yo no lo voté | 10 jul 2026

OPINIÓN

​​​​​​​El futuro que Río Negro tiene y no está construyendo

10:39 |El ex intendente de Bariloche e ingeniero del Balseiro sostiene que Río Negro tiene un ecosistema científico-tecnológico de nivel mundial pero ninguna política que lo sostenga: sin banca pública, sin capital de riesgo y sin un itinerario de formación para emprendedores de innovación.


Por: Por Gustavo Gennuso

Recorro Río Negro hace años y hay algo que me pasa cada vez que voy al Alto Valle, a la costa o al Valle Medio: me encuentro con gente que está inventando el futuro con las manos, sin que nadie del Estado se haya dado cuenta todavía. En General Roca, conocí a un joven ingeniero que construyó, casi sin ayuda, un simulador de vuelo que hoy se vende en todo el país y está por pegar ese salto internacional, que siempre soñó. En Viedma, nuestra capital, hay un desarrollo de producción hidropónica automatizada a licenciar para climas áridos de cualquier parte del mundo. Y en Bariloche, de donde vengo, conviven —al menos— media docena de casos así: desde un asistente de viajes con inteligencia artificial pensado desde el primer día para el mundo entero, hasta científicos que desarrollaron dispositivos capaces de diagnosticar enfermedades con una sola gota de sangre.

Ninguno de estos casos nació en un ministerio. Nacieron a pesar del Estado, no gracias a él. Y ese es exactamente el problema que quiero plantear hoy, porque no es un problema de una ciudad: es un problema de Río Negro entero.

Una confusión cara

Cuando hablo de emprendedores no hablo de cualquiera que decide iniciar una actividad económica. Quien abre un comercio, una pyme o un servicio hace algo imprescindible para la economía de cualquier pueblo o ciudad de la provincia, y merece todo mi respeto y acompañamiento. Pero hay otra categoría, cualitativamente distinta: el emprendedor de innovación. Es quien inventa algo que no existía, combina tecnología o conocimiento de una forma nueva y logra escalar sin depender linealmente de más recursos. El comerciante necesita crédito y mercado local. El emprendedor de innovación necesita capital de riesgo, mentores y una provincia que tolere el fracaso como parte del proceso. Confundir a uno con otro no es solo un error conceptual: es la razón por la que ninguna política pública les sirve bien a ninguno de los dos.

Río Negro tiene, en este segundo grupo, un activo estratégico que casi nadie está mirando. Tenemos un conglomerado científico-tecnológico de nivel mundial, con el Centro Atómico, el Instituto Balseiro e INVAP como motores. Tenemos universidades de gran nivel en las diferentes zonas de la provincia. Y tenemos un fenómeno que pocas provincias argentinas tienen: la migración interna. Profesionales, técnicos y familias enteras que eligen venir a vivir a Río Negro —desde las grandes capitales, pueblos chicos o el mal llamado "interior"— y traen consigo formación, experiencia y redes que enriquecen nuestro ecosistema con una diversidad que no se puede fabricar por decreto.

Lo que falta

El primer déficit es de decisión política: no hay en Río Negro una estrategia específica para la innovación emprendedora, con continuidad, identidad propia y presupuesto asignado. Hay buenas intenciones dispersas, pero ninguna decisión de jerarquizar este ecosistema como lo que es: un activo estratégico provincial.

El segundo déficit es financiero, y es el más urgente. En Río Negro no existe una banca pública provincial —la desmantelaron en su momento—, así que no hay forma de diseñar instrumentos de crédito propios para este universo. El CREAR es una buena iniciativa, pero su alcance es acotado y no llega a cubrir lo que el emprendimiento innovador realmente necesita: capital semilla, inversores ángeles, fondos de riesgo dispuestos a poner plata en una etapa temprana, cuando el riesgo es alto y muchos proyectos, honestamente, no van a llegar a destino. Eso no es un fracaso de la política: es la naturaleza de la innovación. Por eso, necesitamos un sistema de financiamiento de riesgo pensado como política de Estado a largo plazo, no como un programa de gestión o de billetera estatal en tiempos electores.

El tercer déficit es de formación integrada. Emprender con éxito exige habilidades técnicas —saber de finanzas, gestión, tecnología— y habilidades blandas: liderazgo, resiliencia frente al fracaso, capacidad de construir equipos. Hoy tenemos cursos sueltos y buenas voluntades, incluso algún concurso valioso como el que impulsa el propio Instituto Balseiro, el IBK50. Pero no tenemos un itinerario que acompañe a alguien desde la idea hasta la escala en sí.

Lo que hay que hacer

No hace falta inventar la pólvora. Hace falta decisión:

  • Reconocer formalmente al ecosistema emprendedor de innovación como activo estratégico provincial, con identidad, continuidad y presupuesto propio.
  • Crear un fondo provincial importante de capital de riesgo, con reglas claras y mirada de largo plazo, que no dependa de la gestión de turno y los amigos del poder.
  • Articular un itinerario formativo integral, en conjunto con las universidades e instituciones con trayectoria comprobable, que acompañe al emprendedor desde la primera idea hasta la etapa de escala.

Conocí a ese joven en General Roca que construyó su simulador de vuelo solo, con el apoyo de su familia y no mucho más. Salió adelante. Pero la pregunta que me hago, recorriendo esta provincia de punta a punta, es cuántos como él hay repartidos entre el Alto Valle, la costa, la Línea Sur y nuestra cordillera, esperando una oportunidad que nunca llega. Cada uno de esos proyectos que se pierde no es solo una frustración individual: es trabajo genuino para rionegrinos y rionegrinas que la provincia decide no tener.

Ese es el Río Negro que muchos queremos construir: el que reconozca lo que ya tiene, antes de que se lo lleve otra provincia. No vaya a ser que otra vez la veamos pasar.

 

# Ex intendente de Bariloche e ingeniero nuclear del Instituto Balseiro

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