Por: Por Tomás Guevara, Investigador del CONICET
Días pasados, el ex intendente Gennuso publicó una interesante nota sobre el rol del emprendedor tecnológico y la innovación como motor de desarrollo. La nota es oportuna para reflexionar sobre nuestra provincia, pero lamentablemente con una mirada sesgada. Es llamativo que alguien que se formó en una institución pública como el Balseiro afirme que los emprendedores que pondera surgieron "a pesar" del Estado, subiéndose a la moda libertaria de denostar cualquier tipo de participación estatal en la estructuración de la economía y la sociedad. Pero además es completamente falso. El ingeniero que hace simuladores de vuelo que tanto pondera el ex intendente se formó en la Universidad Nacional de La Plata en la carrera de ingeniería aeroespacial. El productor hidropónico de Viedma que menciona produce nada menos que en el IDEVI, uno de los hitos de inversión y planificación estatal de Río Negro, y contó con aportes de vinculación tecnológica de la Universidad Nacional del Comahue. Para muestra, un botón.
No obstante, sí es cierto que el Estado no puede crear de la nada el actor dinámico de una economía, a lo sumo puede generar las condiciones para que emerja y se desarrolle. Ese actor económico dinámico que innova y emprende se genera en un ecosistema que no se puede crear artificialmente desde una política pública. Hay mucho escrito sobre esto: clusters, distritos industriales y otras configuraciones territoriales y su relación con la innovación. Sin un Estado que genere las condiciones difícilmente surja la innovación, pero no alcanza con ello ni puede reemplazar la acción dinámica de los emprendedores.
Esta discusión es muy relevante para nuestra provincia hoy, porque Río Negro está atravesando una transformación estructural de su matriz productiva, de la mano de los hidrocarburos y la minería. Esas actividades son las que explican el desigual comportamiento de la economía argentina, y son atractivas para un gobierno cortoplacista como el de Weretilneck por su capacidad para generar regalías. No obstante, así como están planteadas, estas actividades no dejan mucho más en Río Negro: no generan empleo de calidad y cantidad suficiente. Como contrapartida, hay actividades tradicionales que están en declive, como la fruticultura, que son grandes generadoras de empleo, unidades productivas, encadenamientos y tejido social. La fruticultura supo estar completamente integrada en la provincia: desde su cultivo hasta la industrialización, pasando por todos los eslabones, como enfriado, empaque, etc. Nada parecido a esto va a suceder "espontáneamente" con las actividades hoy en boga en Río Negro.
El peso real de cada sector
A fines de 2025, la minería y el petróleo empleaban menos de 4 mil personas en la provincia, mientras que la industria empleaba más de 15 mil y la agricultura, ganadería y pesca más de 18 mil. Asimismo, la fruticultura explica todavía casi el 50% de las exportaciones de nuestra provincia. ¿Vamos a dejar languidecer las actividades que más empleo y empresas explican? ¿Y encima no hay una política clara que promueva encadenamientos productivos en minería e hidrocarburos? Según datos del OCEPP, desde 2015 -casi todo el ciclo de Weretilneck- el empleo en Río Negro crece por debajo de la población. Parece un camino que nos lleva inexorablemente al estancamiento. Esta es la discusión central de hoy, y no tanto algún ejemplo muy loable de emprendedor tecnológico.
Esto no plantea una rivalidad entre actividades, como si fuese una cosa o la otra. Sino que nos lleva a reflexionar qué rol tiene que jugar el Estado en coordinar todas estas actividades y, ante una cambio estructural de la matriz productiva, ir coordinando esa transformación para que la transición sea virtuosa y no deje a nadie afuera. Las grandes corporaciones petroleras o mineras que dinamizan esas actividades no van a estar preocupadas en desarrollar proveedores locales e incentivar la innovación. Siempre que puedan, por precio y calidad, van a importar los bienes y servicios que necesiten. El 80% de mano de obra local que publicita Weretilneck está limitado por ahora a la construcción y servicios de bajo nivel agregado, como catering y logística. Lo que necesitamos generar es lo que durante décadas fue generando el mal llamado "campo" argentino en la pampa húmeda: un ecosistema de proveedores de bienes y servicios que tienen una gran capacidad para innovar e incorporar tecnología y adaptarse a coyunturas cambiantes. En todo caso, no necesitamos del petróleo y la minería sólo los dólares para equilibrar la balanza comercial o sus regalías para que el Estado rionegrino cierre sus cuentas maltrechas, sino que necesitamos una estrategia de desarrollo integral. Y eso sólo lo puede hacer el Estado, porque es su razón de ser, como la razón de una empresa es maximizar su rentabilidad.
El Estado tiene un rol crucial en generar las condiciones para que estos actores dinámicos de la economía surjan, se desarrollen y se potencien entre sí, pero va mucho más allá de las cuestiones bastante limitadas que plantea Gennuso en su nota (visibilizar, financiar y ofrecer cursos): fundamentalmente tiene que generar la infraestructura y eso lleva ingentes recursos (vías férreas, viales, puertos, establecimientos educativos y sanitarios, etc.), pero también formar profesionales en universidades, orientar la ciencia y la tecnología para que se vincule con el aparato productivo y generar incentivos fiscales y tributarios adecuados para los emprendimientos innovadores. Y sobre todo, debe coordinar los esfuerzos e incentivos, orientarlos, articularlos en una estrategia de desarrollo integral. Un verdadero Estado emprendedor, como afirmó la economista Mazzucato.
Río Negro cuenta en su historia con grandes hitos de planificación e inversión: diques, represas, canales, una empresa como INVAP que debería comprometerse mucho más con el desarrollo provincial, e incluso algunas herramientas más recientes muy desaprovechadas como el PITBA en Bariloche. Pero ha abandonado en décadas recientes esta tradición y se sumerge cada vez más en un cortoplacismo mediocre.
Entonces, es tan cierto que el Estado no puede "generar" emprendedores a voluntad, como que se necesita de un Estado que ayude a estructurar un ecosistema donde estos emprendedores no sólo aparezcan cada vez más, sino que puedan desarrollarse, crecer y multiplicarse, sin necesidad de abandonar nuestro territorio provincial.
Ojalá la coyuntura electoral de 2027 permita discutir estas cosas.