Por: Bache3000
El Monitor de Cumplimiento de Tasas por Barrio, elaborado por el Sistema Estadístico Local del Municipio de San Carlos de Bariloche, no solo confirma una caída alarmante en el porcentaje general de pago —de 67,3% en enero de 2024 a apenas 30,9% en junio de 2026— sino que permite poner nombre y apellido a la crisis: qué barrios sostienen el sistema y cuáles lo están hundiendo.
El desglose barrio por barrio muestra tres categorías bien diferenciadas. En rojo, con los niveles de cumplimiento más bajos de toda la ciudad, aparecen Pilar II (106 viviendas), Nuestras Malvinas, 28 de Abril, Cooperativa Omega, varios sectores de Martín de Güemes (complejos de 40 y 20 viviendas), 2 de Abril, 10 de Diciembre, Parque Llanquihue y Covibar. Son, en su mayoría, conjuntos de vivienda social o cooperativas de construcción reciente, un patrón que coincide con lo que ya sugería el mapa general del tablero: los desarrollos habitacionales más nuevos concentran los mayores niveles de morosidad.
En amarillo, es decir con un cumplimiento intermedio que tampoco alcanza los estándares deseables, se ubica un universo mucho más amplio de barrios: Nahuel Malal, Valle Azul (645 viviendas), Frutillar, Valle de los Ñires, Quimey Hué, El Progreso, Amancay (96 viviendas), Bariloche I (154 viviendas), La Cumbre, Bella Vista II, Santo Cristo, San Ceferino, Lera, Alun Ruca (150 viviendas), Nueva Esperanza, Puerto Moreno, Las Victorias, Ladera Norte y Virgen Misionera, entre otros. Es la franja más numerosa y la que probablemente define el promedio general de la ciudad: ni un incumplimiento crítico ni una regularidad sólida, sino una zona gris que podría inclinarse para cualquier lado según la gestión municipal de los próximos meses.
El resto de la ciudad —la mayoría de los barrios consolidados— aparece en verde, sosteniendo con su cumplimiento el promedio general que, pese a todo, sigue en caída libre.
La lectura que surge de cruzar este detalle con la serie histórica es contundente: el problema no es parejo ni azaroso. Hay una geografía clara del incumplimiento, que golpea con más fuerza a los barrios de vivienda social y a los conjuntos cooperativos más nuevos, mientras las zonas históricamente consolidadas mantienen niveles de pago sensiblemente mejores. La pregunta que se impone es si esa brecha responde a una cuestión de ingresos, a fallas en la notificación y el catastro de esos conjuntos, o directamente a una desconexión entre el Municipio y las cooperativas que administran esas viviendas.
Con una base de contribuyentes que no deja de crecer —de 60.674 partidas en enero de 2024 a 64.175 en junio de 2026— pero con un cumplimiento que se derrumba, el desafío para la gestión municipal ya no es solo recaudar más: es entender por qué, barrio por barrio, cada vez menos vecinos pagan lo que deben.