Por: Bache3000
La casa está tal cual la dejó Emilio. La cama, la ropa, la bicicleta que compró un viernes a la tarde y que nunca llegó a usar. Ahí, tomando mates con su hermano Gabriel, este medio tuvo acceso a la primera entrevista de la familia desde que Emilio Juárez murió atropellado por Facundo Marín, un hombre inhabilitado para conducir que lo embistió con su Ford Fiesta, se dio a la fuga y escondió el auto a 28 kilómetros de la ciudad.
Gabriel y Emilio compartían esa casa desde hacía cuatro meses, aunque los dos ya llevaban años en Bariloche: Emilio hacía dos, Gabriel uno y medio. Antes de mudarse juntos habían compartido casa de familia, un hostel, caminatas y subidas a los cerros. "Emilio vivía acá en Bariloche hace dos años, yo hace un año y medio. Compartimos casa de familia, compartimos hostel, compartimos caminatas, subidas a los cerros", contó.
Lo primero que hizo Gabriel al sentarse fue agradecer. A la fiscal Betiana Cendón y a Marcos Sosa Lukman, a los amigos que hizo en Bariloche y que lo acompañaron "desde el 27 hasta ahora", y a la comunidad de Guernica, de donde es oriunda la familia. "Agradecer a toda la familia de Guernica, a todos los amigos de allá que estuvieron con mi hermano, que lo despidieron", dijo, antes de remarcar que su objetivo al hablar es que el caso "no quede en el olvido" y que "no vuelvan a pasar nunca más con nadie".
Sobre el trabajo de la fiscalía, que en menos de dos días logró identificar y detener a Marín, Gabriel no tuvo más que elogios. "Yo en ese momento no tuve momentos para pensar en todo eso, pero Betiana me estaba constantemente hablando y teniéndome al tanto de las novedades, de todo lo que iba pasando", relató. Fue la propia fiscal quien lo llamó para darle la noticia clave de la investigación: "Ella fue la primera que me llamó para decirme que lo habían encontrado, al muchacho este, que habían encontrado el coche a 28 kilómetros de Bariloche, cerca de Mascardi, metido en un campo, abandonado".
Esa velocidad, dijo, no fue solo de la Justicia. "Los medios de comunicación que también ayudaron. Los medios de comunicación que empezaron a difundirlo, las redes sociales, se hizo muy, muy viral", señaló Gabriel, que recién pudo dimensionar la repercusión del caso después de trasladar el cuerpo de su hermano a Guernica para despedirlo junto al resto de la familia. "Recién ahí pude ver todo lo que había pasado y todo lo que había generado este accidente", admitió.
Más allá del expediente judicial, Gabriel quiso que la entrevista sirviera para contar quién era Emilio. Describió madrugadas enteras de charla entre los dos, sin que la muerte apareciera nunca como tema. "Teníamos horas de charla, horas enteras de charla, madrugadas de charla. Jamás se nos cruzó por la cabeza hablar de la muerte, por ejemplo, nunca", contó. Los planes eran otros: "Siempre pensando en positivo, siempre pensando en progresar, en que queríamos alquilar una casita solo para poder estar solos, para que él pueda traer a sus hijos de Buenos Aires, para traerlos acá y que estén en un lugar cómodo".
Emilio era padre y, según su hermano, ejercía esa paternidad a la distancia con una dedicación diaria. "Él siempre pendiente de los hijos, hablando la mañana, la tarde, a la noche con los hijos por teléfono, cumpliendo su rol de padre a la distancia, con lo que eso lleva", describió Gabriel, y agregó que Emilio trabajaba "para que a ellos a la distancia no les falte nada" mientras los dos hermanos iban progresando de a poco en Bariloche.
Entre esas metas pequeñas está la bicicleta que quedó como una marca del tiempo detenido. "Se había comprado una bicicleta el mismo viernes a la tarde, y no la pudo usar, se la compró a las 7 de la tarde a la bicicleta y me mandó un mensaje contento diciendo que se había comprado una bici, y sin embargo la bicicleta está acá sin que él la haya podido rodar", relató, con la casa todavía llena de las cosas de su hermano. "Si vos ves acá, está San Expedito que es de él, tengo la cama, la ropa. Entonces es muy movilizante todo, es muy, muy movilizante", dijo.
Para Gabriel, el testimonio no es solo un desahogo familiar sino un pedido concreto de que el caso siga su curso y se transforme en un antecedente para la ciudad. "Lo que hoy buscamos es que esto quede claramente no como una noticia más, sino que la gente lo tenga presente, que pueda saber que esto está llevando su proceso de justicia, que hay cuatro meses de investigación y que luego vendrá un juicio donde se terminará de aclarar la situación", explicó, en referencia al plazo fijado por el juez César Lanfranchi, que corre hasta el 30 de octubre.
Ese pedido de precedente aparece una y otra vez en sus palabras. "Que no vuelva a pasar, que esto siente un precedente, que quede un precedente en Bariloche de que las cosas tienen que cumplirse, de que no puede andar una persona inhabilitada para manejar con un antecedente de un positivo de alcohol, manejando sin registro", dijo Gabriel, en alusión directa a la inhabilitación que pesaba sobre Marín desde 2024 por una alcoholemia de 2,47 gramos, y que no le impidió volver a manejar la madrugada del 27.
La entrevista cierra con un mensaje que Gabriel repitió con insistencia y que excede el caso de su hermano: la idea de que cualquier persona, en cualquier salida, puede evitar una tragedia como la que atraviesa su familia. "Que la gente tome conciencia de que si tomó, hay mil formas de llegar a la casa ahora, tenés aplicaciones, tenés taxis, tenés remises. Entonces que la gente tome conciencia de que el auto es un arma", afirmó. Y agregó, mirando del otro lado del volante: "Que tengan esa empatía de que del otro lado hay familias, hay hijos, hay madres, hay padres, hay hermanos. Entonces que piensen en eso".