Por: Bache3000
La postal recorrió el mundo: tras la remontada de la Selección ante Inglaterra en semifinales del Mundial 2026, Lisandro Martínez, Giovanni Lo Celso y Cuti Romero desplegaron sobre el césped del Mercedes-Benz Stadium de Atlanta una bandera blanca con la leyenda "Las Malvinas son argentinas". La imagen se viralizó en minutos y hasta generó preocupación por una eventual sanción de FIFA.
Pero detrás de la bandera hay una historia que pocos conocían. Dos hinchas argentinos contaron cómo llegó la tela hasta el campo de juego. Según relataron, no tenían entrada para el partido y armaron la bandera con un pedazo de sábana del hotel donde se hospedaban. La abrieron minutos antes del final, pese a que seguridad les insistía en que la cerraran. Cuando vieron que un policía se acercaba para hacerlos retirar, decidieron tirarla hacia los jugadores para "sacrificarla", y terminó en manos de los futbolistas, que la desplegaron en pleno festejo. El gesto, dijeron, buscaba transmitir "lo que piensan todos los argentinos" sobre la soberanía de las islas.
El operativo de seguridad para el cruce entre Argentina e Inglaterra tenía instrucciones específicas para evitar justamente ese tipo de manifestación: la organización había advertido que no se permitiría el ingreso de elementos con mensajes políticos, y una funcionaria libertaria había sido taxativa al respecto, calificando la consigna sobre Malvinas como "un mensaje político". La bandera terminó ingresando igual, y el resultado fue una de las imágenes más comentadas del torneo.
Mientras la bandera daba la vuelta al mundo, en el Senado se debatía un capítulo que también toca la cuestión de los recursos nacionales: el proyecto de "inviolabilidad de la propiedad privada", impulsado por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. Su artículo más resistido elimina el límite del 15% que desde 2011 rige para la compra de tierras rurales por parte de extranjeros, tope fijado por la ley 26.737 sanciona en ese año para proteger la soberanía territorial y los recursos estratégicos del país.
La sesión de este jueves logró el quórum justo —37 senadores— pero las negociaciones con los bloques aliados no cerraron a tiempo: la titular del Senado, Patricia Bullrich, terminó pidiendo un cuarto intermedio para el 6 de agosto en el punto sobre propiedad privada, tras no lograr que Sturzenegger aceptara nuevos cambios al texto. Es el tercer traspié del proyecto en lo que va del año.
La coincidencia no pasó desapercibida entre quienes siguen de cerca la agenda política: el mismo día en que la Selección reavivaba el reclamo por Malvinas ante millones de espectadores, el Congreso discutía —y volvía a postergar— una reforma que habilitaría la venta sin límites de tierra argentina a capitales extranjeros. Dos capítulos distintos de una misma pregunta de fondo: quién controla los recursos y el territorio nacional.