Por: Bache3000
El gobernador Alberto Weretilneck reveló en un encuentro con vecinos de Villa Don Orione que el sistema de emergencias de Río Negro trasladará su sede al centro de salud del kilómetro 8, hoy prácticamente en desuso. Según explicó, allí se concentrará toda la operatoria de emergencias que actualmente depende del hospital céntrico, con el objetivo final de dotar al lugar de una guardia de atención las 24 horas.
El anuncio, que trascendió antes de tiempo en ese grupo de vecinos, tiene fecha de oficialización: el viernes 31, cuando se espera que las autoridades confirmen la puesta en funcionamiento del nuevo esquema.
Lo que Weretilneck presenta ahora como novedad tiene, sin embargo, una historia larga en Bariloche. El edificio del Km 8 se construyó en tiempo récord durante la pandemia de COVID-19, con instalaciones completas —laboratorio, sala de internación, shock room y guardia de ambulancias— que nunca llegaron a activarse como centro de urgencias.
En septiembre de 2023, el arquitecto Raúl Martinau le había escrito una carta al propio Weretilneck, entonces senador, reclamando la habilitación del espacio como hospital de urgencias, y advirtiendo que la demora entre 30 y 45 minutos para llegar al Hospital Ramón Carrillo desde varios puntos de la ciudad volvía urgente esa definición. La propuesta de Martinau, además, no era nueva: cinco años antes ya había planteado la necesidad de un hospital de urgencias periférico, sin resultados concretos.
Desde entonces, el módulo funcionó apenas como vacunatorio y consultorios, hasta que ese servicio también fue desmantelado este año, dejando en el aire el destino del edificio y de su personal.
El contexto sanitario que empuja esta decisión tampoco es nuevo: hace apenas una semana, la directora del Hospital Zonal Bariloche había admitido públicamente el colapso de la Guardia céntrica y anticipado la necesidad de refuerzos, vinculando la sobrecarga a la falta de oferta vespertina en los centros de salud de barrio.
En ese marco, la mudanza del SIARME al Km 8 aparece menos como una novedad que como el primer paso —tres años después del reclamo original— hacia un objetivo que vecinos y profesionales de la zona vienen pidiendo desde la pandemia.