Por: Bache3000
Bariloche es una ciudad que nunca para de crecer. Mucha gente viene de vacaciones y alucina con venir a vivir acá. Algunos pueden cumplir su sueño: con lo puesto, con unos pocos pesos o con grandes inversiones para comprar una casa o instalar un negocio, arriban y se transforman en nuevos residentes.
Lo cierto es que, mientras todo esto transcurre, la infraestructura, las calles, los servicios y hasta la seguridad no se modifican.
Hace unos días se presentó el refuerzo de agentes de la Policía de Río Negro, con 120 hombres y mujeres de diferentes puntos de la provincia que trabajarán durante la temporada invernal. Estos efectivos se suman a los 860 uniformados estables que tiene Bariloche: residentes que aspiraron a ser policías, hicieron el curso y cumplieron con todos los requisitos para llevar la insignia en el pecho y el arma en la cintura.
Sin embargo, el número parece no alcanzar. En temporada baja, el cálculo da un policía cada 232 habitantes y en la alta se alcanza el número de un agente cada 202 personas.
Desde el gobierno de Río Negro comienzan a preocuparse, ya que la realidad es diferente en otras localidades cercanas, tanto en cantidad de delitos como en cantidad de policías. Según expuso el propio gobernador Alberto Weretilneck a Bache3000, en San Carlos de Bariloche egresan tan solo 30 nuevos agentes por año, lo cual catalogó como un número muy bajo con respecto a otras localidades como Los Menucos o Cipolletti, donde el promedio anual de egresos está en 100 o 120 efectivos.
Esto responde a una cuestión aspiracional de cada región y a la diversificación económica existente. Nuestra ciudad presenta más oportunidades laborales que otras de Río Negro y por eso el interés por desempeñarse en la fuerza es bajo.
Pero, según contó Weretilneck, hubo una fecha que fue, sin dudas, un quiebre que marcó un antes y un después en la población joven de Bariloche a la hora de no querer ser policía: el 17 de junio de 2010.

Aquella jornada fue una de las más tristes en la historia reciente de la ciudad. Tres jóvenes barilochenses, Diego Bonefoi, Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas, fueron asesinados por la Policía de Río Negro en un despliegue represivo que dejó secuelas profundas y una deuda de justicia que sigue sin saldarse.
El mandatario reconoció que antes de 2010 el número de egresos policiales era más alto, pero que desde entonces bajó considerablemente y nunca más se logró recuperar. Para colmo, actualmente se registra una mayor intencionalidad delictiva, por lo que está en aumento la gravedad de los hechos, tal como quedó evidenciado con el homicidio reciente del comerciante Elías Miguel.
Esto se debe, en parte, a que Bariloche es "un faro" para los delincuentes, que llegan desde diferentes lugares del país a cometer ilícitos de todo tipo, sin escrúpulos ni miramientos. En ese marco, se logró extraditar a tres malhechores chilenos hace pocas semanas. Pero también llegan desde grandes ciudades argentinas, así como de provincias linderas, y ahí la deportación no es una posibilidad. Sí la cárcel, por supuesto.
Por lo pronto, no hay más soluciones a la vista que traer refuerzos, y se está analizando la situación con detenimiento. Aunque, al mismo tiempo, desde el Municipio se avanza en la creación de una Policía preventiva comunal que ayude a la rionegrina a combatir el delito.