Por: Bache3000
No es una imagen aislada: es la rutina invernal de cientos de hogares barilochenses, y las estadísticas confirman lo que los vecinos ya intuían.
En el último año se registraron al menos 100 incendios en viviendas particulares de la ciudad, es decir, un siniestro cada dos días. El dato lo aportó Pablo Chamatropulos, ex concejal y actual presidente del Centro de Orientación, Defensa y Educación al Consumidor (CÓDEC), quien calificó la situación como “una emergencia estructural que está destruyendo hogares, empobreciendo familias y, en algunos casos, cobrándose vidas”.
Para dimensionar la magnitud del problema, comparó la cifra con la de otras ciudades del país: mientras Bariloche —con cerca de 150.000 habitantes— sufrió más de 100 incendios domiciliarios en un año, Comodoro Rivadavia, con mayor población, tuvo apenas 10, e Isidro Casanova, en el conurbano bonaerense, solo cinco.
La crudeza de esta crisis quedó expuesta hace apenas unis días, cuando una vivienda del barrio Arrayanes volvió a incendiarse. No era la primera vez: esa misma casa ya había sufrido un siniestro en una ocasión anterior.
Susana, una de las damnificadas, contó entre lágrimas que esta vez “se perdió todo, no quedó nada”, y volvió a pedir la solidaridad de la comunidad que ya la había ayudado tras el primer incendio. En el momento del hecho, sus padres y su sobrino se encontraban dentro de la vivienda; el joven alcanzó a salir cuando el fuego ya había comenzado a propagarse.
Ese episodio no es una excepción sino un símbolo: en Bariloche hay casas que se incendian, se reconstruyen con lo poco que hay, y vuelven a incendiarse, porque las condiciones de fondo —la falta de gas de red, las instalaciones eléctricas precarias, la dependencia de la leña y la garrafa— no cambian.
Chamatropulos fue categórico al señalar la raíz del problema: “el abandono de políticas públicas que garanticen condiciones de vida seguras y dignas”. Recordó que hace más de cuatro años que está paralizada la obra del Gasoducto Cordillerano, lo que impidió nuevas conexiones domiciliarias a la red.
Esa ausencia del Estado y de la empresa Camuzzi, sostuvo, llevó a que se propaguen las conexiones clandestinas o a depender del gas envasado, muchas veces con instalaciones precarias y sin controles de seguridad. La alternativa eléctrica tampoco es segura: el uso masivo de caloventores y paneles eléctricos satura redes domiciliarias que no están preparadas para esa demanda, y termina en cortocircuitos y sobrecalentamientos.
Estos artefactos, por su alto consumo, nunca deben enchufarse a “zapatillas” o alargues múltiples, porque el calor derrite los plásticos rápidamente y genera cortocircuitos que derivan en incendios inmediatos.
La leña, por su parte, exige un manejo igual de cuidadoso: entre las causas más frecuentes de incendios en techos figura la acumulación de hollín y creosota en las paredes interiores de los conductos de las chimeneas, sumado al riesgo de dejar el fuego encendido sin supervisión durante la noche.
Chamatropulos también cuestionó la respuesta institucional: recordó que el municipio dispone de una norma que establece un subsidio económico para las familias afectadas por incendios domiciliarios, “como si una suma económica, en general irrisoria en comparación con las pérdidas, fuera solución de algo”.
Según el exconcejal en Bariloche se produce una combinación de factores que multiplican el riesgo en los hogares: la falta de acceso a servicios de calidad, las construcciones sin condiciones adecuadas y la ausencia de políticas de prevención de incendios particulares.