Por: Bache3000
El docente también apuntó contra el retiro del plan Conectar Igualdad y el estado de las salas de informática, que "dejan mucho que desear" pese al discurso oficial sobre vincular la educación con las nuevas tecnologías. "No tiene ninguna buena intención, es solo discurso", cuestionó, y remarcó que desconoce la situación puntual en otras provincias, aunque advirtió que suele ser "incluso peor" en las jurisdicciones con menos exposición pública.
Uno de los puntos que Calfuquir destacó como poco visibilizado es la sobrecarga horaria: para alcanzar un salario digno, muchos docentes deben tomar una gran cantidad de horas o directamente buscar un segundo empleo, lo que repercute de manera directa en la calidad educativa y en la posibilidad de construir saberes dentro del aula. En ese sentido, sostuvo que el paro nacional es un reclamo que "se venía pidiendo hace tiempo" y llamó a pensarlo como parte de un plan de lucha sostenido y no como una medida aislada, ya que "con un paro aislado mucho no vas a resolver". Reconoció que la medida genera malestar en las familias por su impacto en la organización cotidiana, pero insistió en que el descontento tiene que empezar a manifestarse de alguna manera.
A nivel nacional, el reclamo docente se sostiene sobre dos ejes centrales y un tercero que, si bien todavía no está en la agenda inmediata, preocupa a futuro. El primero es la restitución del FONID (Fondo de Incentivo Docente), una partida que enviaba Nación a las provincias y que dejó de girarse, obligando a cada jurisdicción a decidir si sustituye ese monto con fondos propios o no. El segundo es la apertura de paritarias, actualmente rechazada por Nación, un reclamo que también se replica en Río Negro y que no se limita a lo salarial: en paritarias también se discuten cuestiones curriculares, programas educativos y resoluciones que inciden directamente en el trabajo dentro del aula.
El tercer eje, más de fondo, es la eventual reforma de la Ley de Educación Nacional. Según se advierte desde el sector docente, buena parte de esa reforma apunta a dejar de concebir la educación como un derecho para pensarla como un servicio, bajo la lógica de que, en última instancia, puede ser ofrecido por el mercado.