jueves 06 de agosto de 2026 - Edición Nº539

El Bardo de Siempre | 5 ago 2026

FINOLÍ FINOLI

Camiones atmosféricos ingresan al vertedero de Bariloche y Costa Brutten exige que se investigue

Vecinos denuncian que vehículos cargados con líquidos cloacales ingresan de forma regular al basural municipal, un predio que debería recibir solo residuos sólidos. El concejal Leandro Costa Brutten presentó un reclamo administrativo formal ante Walter Cortés y pidió la suspensión inmediata de la práctica. Las fotos muestran una laguna de agua turbia entre la basura, a metros del cerro nevado que todos vienen a fotografiar.


Por: Bache3000

Hay una laguna en el vertedero de Bariloche. No es un decir: hay, literalmente, un espejo de agua entre la montaña de bolsas negras y el Catedral nevado que se recorta al fondo como si nada, como si esa postal de calendario turístico no tuviera nada que ver con lo que pasa cien metros más acá, donde un camión atmosférico —de esos que se usan para chupar pozos ciegos, para vaciar cámaras sépticas, para mover mierda, literal, de un lado a otro de la ciudad— descarga lo que descarga en un lugar que, en teoría, no está para eso.

Bariloche tiene esa costumbre argentina de mostrar la postal y esconder el desagüe. Los mismos que venden la ciudad como reserva de naturaleza, como refugio de la Patagonia intacta, son los que —según denuncian vecinos de los barrios linderos al basural, y según ahora consta en un reclamo administrativo presentado por el concejal Leandro Costa Brutten— permiten, o al menos no impiden, que camiones cargados de efluentes cloacales entren de manera regular y cotidiana a un predio pensado exclusivamente para residuos sólidos urbanos.

El destino técnico de esos líquidos tiene nombre y dirección: la Planta Depuradora de Líquidos Cloacales. No el vertedero. La diferencia no es un detalle burocrático: un basural no está diseñado para recibir líquidos residuales, no tiene los controles sanitarios ni ambientales que sí debería tener una planta depuradora, y verter ahí lo que corresponde tratar en otro lado es, en el mejor de los casos, una negligencia administrativa, y en el peor, exactamente lo que el propio Costa Brutten pone en palabras en su presentación: una zona de sacrificio.

La frase no es menor. "Zona de sacrificio" es el término que se usa en todo el mundo para describir esos territorios que las ciudades destinan, casi siempre sin decirlo en voz alta, a absorber lo que el resto no quiere ver ni oler: la basura, los desechos industriales, los efluentes que nadie reclama como propios hasta que aparecen en una foto. Y las zonas de sacrificio, en general, no son zonas cualquiera: son los barrios que ya vienen cargando con la postergación, los que están más lejos del centro, los que menos voz tienen en el Concejo.

El reclamo que Costa Brutten hizo llegar al intendente Walter Cortés no es una simple queja: es un pedido formal de investigación que invoca la Constitución Nacional, la Ley General del Ambiente y la Carta Orgánica Municipal, y que además deja constancia de algo más incómodo todavía —que hubo un pedido de informes previo, cursado meses atrás a la Secretaría de Planeamiento, Obras y Servicios Públicos, que según el concejal nunca fue respondido en los plazos que marca la propia normativa municipal. El silencio, en estos casos, también dice.

El petitorio pide seis cosas concretas: que se investigue quién autorizó el ingreso de los camiones, que se suspenda la práctica de manera preventiva hasta que se acredite que existen controles suficientes, que se informe si la planta depuradora está en condiciones de recibir esos efluentes —y si no lo está, por qué—, que se identifique al responsable de haber autorizado o tolerado la operatoria, y que se dé intervención a la Secretaría de Ambiente de Río Negro. Costa Brutten fue más allá: dejó reserva expresa de iniciar acciones penales si no hay respuesta, y mencionó los artículos del Código Penal que hablan de delitos contra la salud pública y de funcionarios que omiten controlar lo que deberían controlar.

Las imágenes que circulan entre los vecinos no necesitan demasiado análisis retórico. Un camión con un tanque verde y una manguera enrollada en naranja, estacionado sobre la nieve, humeando en el frío de agosto. El mismo camión, después, ya adentro del predio, entre las montañas de basura, con el Catedral blanco de fondo. Y esa laguna: agua que no debería estar ahí, con espuma en los bordes y bolsas flotando, a centímetros de donde crecen las mismas plantas secas que en cualquier otro paisaje patagónico serían apenas parte del paisaje.

La pregunta que deja abierta el reclamo es la de siempre en estos casos: quién autorizó, quién controló, quién debería haber dicho que no y no lo dijo. Bache3000 seguirá esta historia y buscará la respuesta oficial del Municipio.

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