Por: Bache3000
La escultura del Nahuelito amaneció torcida en la costanera. No hizo falta terremoto ni viento huracanado: alcanza con pasar manejando por la 12 de Octubre para notar que la figura tallada en madera se inclina hacia un costado, con andamios alrededor, como si alguien estuviera tratando de enderezarla antes de que la broma de la Torre de Pisa se instale para siempre en el imaginario barilochense. Nadie del municipio salió todavía a explicar si es un problema estructural, un ajuste en el proceso de secado de la madera o simplemente el ángulo forzado con el que fue tallada.
Para entender cómo una figura a motosierra terminó parada —torcida, pero parada— frente al lago, hay que volver al origen, que no fue artístico sino forestal. El operativo arrancó una mañana a las 9, con el intendente Walter Cortés al frente, vestido con overol, casco y motosierra en mano, cortando personalmente los pinos que llevaban años de conflicto judicial. No eran árboles cualquiera: tenían un amparo judicial que los protegía y que, según informó la Municipalidad, "se cayó" poco antes del operativo; sin esa medida, los pinos cayeron también.
El propio Cortés defendió la decisión con un argumento estético y otro de seguridad. "Somos la única ciudad que escondemos el lago. Tenemos que mostrar nuestro lago, que es hermoso", sostuvo. Y fue más allá en el acto del 25 de mayo, cuando el operativo se hizo oficial: "Cuando mate a alguien un pino de esos, vamos a llorarlo. Y antes que pase eso, lo vamos a cortar."
El debate no se cerró con la última motosierra apagada. Una cubicación parcial detalló 216 rollizos de pino Oregón extraídos, con un volumen total de 134,49 metros cúbicos de madera, y sin guías de traslado que acreditaran formalmente su destino, lo que derivó en una multa de la Provincia al Municipio por talar sin autorización correspondiente. Mientras tanto, en la calle, la discusión sobre qué hacer con lo que quedaba de los árboles siguió abierta: la intervención sobre la Costanera instaló una discusión que todavía sigue abierta sobre el criterio con el que el Municipio decide intervenir el arbolado urbano de la ciudad.
Fue en ese contexto que el municipio decidió no arrancar todos los tocones: una docena de troncos quedaron en pie para ser tallados como esculturas, y uno de ellos —un pino oregón imponente sobre la 12 de Octubre— se convirtió en el Nahuelito, la criatura que según la leyenda habita las profundidades del lago desde hace más de cien años. El mito tiene más de un siglo y ninguna respuesta definitiva: la primera referencia documentada data de 1910, cuando un navegante alemán llamado George Garret habría avistado una criatura de gran tamaño en las aguas del Nahuel Huapi. Ahora, en lugar de esconderse bajo el agua, tiene una versión bien visible, tallada a motosierra y parada sobre la costanera.
Así que la próxima vez que pases manejando y veas la figura de madera inclinándose hacia un costado —como nuestra Torre de Pisa particular— ya sabés: no es capricho del viento. Es un pino que iba a terminar en aserrín y terminó siendo leyenda. Torcida, por ahora, pero leyenda al fin.