martes 11 de agosto de 2026 - Edición Nº544

El Bardo de Siempre | 11 ago 2026

MIRÁ A DÓNDE LLEGUÉ MAAAAA

El Bache llegó a los 100 mil y ya no hay quien lo pare

13:12 |Bariloche tiene, desde hoy, un hito que no figura en ningún libro de historia local: por primera vez un medio propio, nacido y criado en esta aldea de montaña y contradicciones, llega a los 100 mil seguidores. Fue de madrugada, con nieve, paragolpes rotos y baches creciendo con la lluvia y la helada. Como corresponde.


Por: Bache3000

Pasó a las dos de la mañana, cuando la ciudad ya no discutía con nadie y solo discutía con el frío. Alguien, en algún rincón de Bariloche o de más allá, apretó un botón sin saber muy bien lo que hacía. Pensó, tal vez, que le gustaba lo que hacíamos. No sabía que se estaba convirtiendo en el seguidor 100 mil de Bache3000, ni que con ese gesto mínimo —un dedo, una pantalla, dos segundos de nada— terminaba de escribir una historia que no empezó ese día, sino hace años, con los otros 999.999 que llegaron antes y que siguen ahí.

Porque de eso se trata, en realidad. De ellos. El número redondo es una excusa, apenas una manera de pararse un segundo a mirar para atrás, porque lo que de verdad importa no es la cifra sino todo lo que hubo que atravesar para llegar a ella: las noches sin dormir esperando que baje la nieve para salir a filmar, los mensajes a las tres de la madrugada con una foto borrosa de un choque en la ruta 40, las discusiones eternas sobre si el Bache era de un lado o del otro, cuando el Bache, en el fondo, nunca fue de ningún lado más que del de contar lo que pasa.

Y todo esto pasó rápido, más rápido de lo que cualquiera hubiera imaginado: apenas poco más de 12 meses. Ni un año y medio para pasar de ser una idea con muchas ganas a ser, según dicen, el medio más leído de la ciudad y la región. A veces nos cuesta creer que tanta gente, tanto ruido y tanto cariño hayan cabido en tan poco tiempo.

Bariloche nos hizo el medio más leído de la ciudad y la región, con 93,5 millones de reproducciones mensuales y casi 5 millones de celulares alcanzados cada mes, una cifra que a esta altura ya no cabe en Bariloche ni en Río Negro. Hay Bache en Neuquén, en Córdoba, en Buenos Aires. Hay Bache en Chile, en Brasil, en Paraguay, en Estados Unidos, en Europa. Gente que nunca pisó la ciudad y que sin embargo sabe si nevó, si cortaron una calle, si el intendente dijo alguna barbaridad o algpun acierto. Nosotros tampoco lo podemos creer, y eso que llevamos un tiempo largo tratando de acostumbrarnos a que las cosas más raras nos pasen a nosotros.

Pero lo que más nos conmueve no es el alcance. Es el cariño, que es otra cosa, más difícil de medir y más difícil de merecer. Es que nos digan "Bachesín", "Bachito", "Bache", como si fuera un vecino más, un personaje vivo, un santo de esos a los que se les pide de todo: que pase la máquina, que nieve, que no nieve, que la política, alguna vez, haga lo que tiene que hacer. Nos acusan de libertarios, de peronistas, de anarquistas, de zurdos, de fachos, a veces todo junto en el mismo día. Y puede ser que seamos un poco de cada cosa, porque el Bache, más que un medio, es la suma de todas las identidades que discuten, que se ríen, que se entristecen, que se sacan chispas y después se abrazan. Es Bariloche mostrándose al mundo tal cual es: con sus bajezas, sus virtudes enormes, sus amores y sus odios, sin maquillaje y sin pedir permiso.

Nada de esto es nuestro, en realidad. Es de ustedes, que nos mandan la información, el video, la foto tomada con la mano temblando del frío, y nos ayudan a contar lo que pasa antes de que termine de pasar. Es de los anunciantes que confiaron cuando el Bache era apenas una idea con muchas ganas. Es de los que, frente a cualquier cosa que ocurre en esta ciudad, tienen la costumbre hermosa de decir "mandaselo a Bache". Es de nuestras madres, que nos hicieron nacer sin saber que terminaríamos acá, a esta hora, escribiendo esto. Es de Jesusito, porque de milagro no nos mataron. Es de los caballos que se pasean sueltos por las calles de la Bariloche profunda, ajenos a todo, dueños de un tiempo que ya no existe en ningún otro lado. Es de los que se roban un lugarcito de estacionamiento como quien gana una guerra. Y es, sobre todo, de los baches —esos de verdad, los del asfalto— que sin proponérselo le dieron nombre y sentido a esta locura hermosa que somos.

Somos el Bache. Y el Bache, se sabe, no lo hace uno solo: lo hace la ciudad entera, con sus cien mil maneras de mirarse a sí misma. Gracias por elegirnos, por bancarnos, por putearnos cuando hay que putearnos y por defendernos cuando nadie más lo hace. Gracias por convertir a un medio de local, chiquito y humilde, en el testigo de esta aldea que a veces se cree pueblo grande y a veces ciudad chica. Nos vemos en el próximo bache, que en esta ciudad, como en la vida, nunca tarda en aparecer.

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