domingo 16 de agosto de 2026 - Edición Nº549

El Bardo de Siempre | 15 ago 2026

EN TU CARA, CHINA

El cielo se rindió ante Bariloche: los drones nos hicieron volar

Cientos de vecinos y turistas levantaron la cabeza al mismo tiempo, como si alguien hubiera dado una orden secreta, y el frío de la cordillera se transformó en asombro puro.


Por: Bache3000

Hay noches en que el cielo se olvida de ser de nadie y se vuelve de todos. Anoche fue una de esas noches en Bariloche.

El Centro Cívico y la costanera se llenaron de gente abrigada hasta las orejas, con las manos metidas en los bolsillos y los ojos clavados arriba, esperando. Nadie hablaba fuerte. Había algo del silencio de antes de una misa, de esos momentos en que la multitud se pone de acuerdo sin decirlo.

Y entonces subieron las luces.

Decenas de drones se elevaron como si el cielo cordillerano hubiera decidido, por una noche, tener estrellas nuevas. Se movían con una disciplina que parecía humana y a la vez no lo era: figuras que se armaban y desarmaban en el aire, la montaña dibujada con puntos de luz, la nieve cayendo sin caer, símbolos que cualquier barilochense reconoció como propios. No hacía falta explicar nada. La ciudad se vio a sí misma reflejada allá arriba, y eso alcanzó.

Abajo, la gente hacía lo que hace la gente cuando algo la conmueve de verdad: sacaba el teléfono, aunque sabía que ninguna foto le iba a hacer justicia a lo que estaba viendo. Otros ni se molestaban en filmar. Preferían mirar con los ojos y guardarlo ahí, donde no se borra.

Hubo aplausos que salían solos, sin que nadie los organizara. Hubo abrazos entre desconocidos, como pasa a veces con el frío, que obliga a la gente a juntarse. Y hubo, sobre todo, esa sensación rara de estar todos mirando lo mismo al mismo tiempo, que en los tiempos que corren ya no es poca cosa.

No hubo ruido de pirotecnia, no hubo sobresaltos para los perros del barrio ni para los animales del bosque. Solo luz, silencio y una ciudad entera conteniendo la respiración.

Cuando el último dron bajó y el cielo volvió a ser el de siempre —oscuro, cordillerano, de estrellas de verdad—, quedó flotando esa nostalgia dulce de las cosas hermosas que duran poco. La segunda jornada de la 55ª Fiesta Nacional de la Nieve se despidió así, con la certeza de que Bariloche, cuando quiere, todavía sabe emocionar a su gente sin pedir permiso.

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