Por: Pablo Diaz, consultor
Eran las lecciones de 1992 en Estados Unidos y Bill Clinton competía contra el presidente en funciones, George H. W. Bush. El presidente norteamericano tenía una popularidad altísima y presumía de grandes triunfos en la política exterior, como el final de la Guerra Fría y la Guerra del Golfo, pero, Estados Unidos atravesaba una dura recesión financiera y la gente sentía que el gobierno ignoraba su crisis doméstica.
Jame Carville, consultor estratega de Clinton ordenó a los colaboradores de la campaña no distraerse debatiendo múltiples temas, sino machacar de forma constante con los problemas cotidianos del bolsillo de los ciudadanos. Colgó en un cartel dentro de la sede central de campaña para enfocar a todo el equipo, la frase "Es la economía, estúpido". El mensaje sirvió para ganar la elección.
34 años después, en esta argentina polar que vivimos, la historia se repite: un presidente presumiendo su popularidad en Latinoamérica y el mundo, ganada por sus excentricidades, su retórica anti wokista y su éxito antiinflacionario y desregulador; un país atravesando una dura recesión financiera y su gente sintiendo que el gobierno ignora su crisis doméstica; y una oposición machacando de forma constante con los problemas cotidianos del bolsillo de los ciudadanos, "la gente no llega a fin de mes", "las familias están sobreendeudadas", "la morosidad crediticia llegó a valores récords", "los ancianos se suicidan porque sus ingresos no puede cubrir sus gastos". Solo falta una cosa: un consultor estratega que, como aquel Jame Carville cuelgue en las paredes de Casa Rosada un cartel que alerte al presidente.
VAMOS A LOS DATOS
El gobierno muestra como sus índices favorables el mejoramiento de la macroeconomía:
Esa es la mirada del vaso medio lleno. Pero hay otra mirada, la del vaso medio vacío que hace hincapié en las debilidades de la economía real, la microeconomía.
El esquema económico implementado por el gobierno de La Libertad Avanza es el de un programa ortodoxo de estabilización por shock. Su principal éxito radicó en la eliminación del déficit fiscal y el desarmado de la bomba monetaria que le dejó el kirchnerismo, lo que permitió que la inflación baje de niveles mensuales del 25% al 2% actual. La contracara de esta "macroeconomía ordenada" es una economía dual o de "dos velocidades": el sector exportador, la minería y la energía empujan el PBI, pero el mercado interno (Pymes, comercio tradicional y empleo asalariado) paga el costo de la licuación de ingresos.
Si la economía real, la del primer metro cuadrado es la que más se siente en la vida de la gente, no es menor el efecto que también se siente en la población por la desinversión pública generada. Rutas destruidas, hospitales abarrotados y sin recursos, aumento de precariedad habitacional y tomas producto de los desalojos por incremento de alquileres, son los más visibles. El reciente suicidio de dos ancianos en la ciudad rionegrina de Ingeniero Cipolletti, presumiblemente acordado por no poder hacer frente a los gastos de alquiler de su vivienda, es una muestra paradigmática del fenómeno incremental que se viene registrando en Argentina en la última década, y que tomó fuerte impulso en los últimos tres años.
Las estadísticas oficiales del año 2024 reflejaron un repunte con más de 3.600 a 4.200 casos reportados (equivalente a unas 7,8 muertes cada 100 mil habitantes). En 2025 se alcanzó un máximo histórico con 5.209 suicidios consumados, lo que implicó un aumento interanual superior al 22% y elevó la tasa nacional a cerca de 11,8 por cada 100 mil habitantes. Tendencia que parece incrementarse en los primeros meses de este 2026. Los más jóvenes y los ancianos son la población más afectada. Los especialistas vinculan este pico al deterioro de las condiciones socioeconómicas, los niveles crecientes de angustia social y la vulnerabilidad en las redes de contención: el "estado ausente".
Contrario el predicamento inicial del presidente Javier Milei, al ajuste no lo pagó la casta, lo está pagando la gente.
Pese la realidad numérica detallada antes, y el usufructo de las desgracias ajenas que hace la oposición, Javier Milei retiene un capital político levemente superior a los votos obtenidos en la PASO y Primera vuelta del 2023 que ronda entre el 33 y 38%, lo que sugiere que, pese haber perdido el apoyo de 3 de cada 7 jóvenes de aquella elección, ganó mucho más apoyo de adultos mayores, anclados en el histórico clivaje antiperonista proveniente del PRO y otros partidos de derecha.
Es cierto que la mirada más optimista de ese apoyo aún lo muestran muy lejos del 56% obtenido en el Ballotage 2023. Pero, también es cierto que la pérdida de ese apoyo al presidente no se condice en igual proporción con la ganancia de la oposición, donde ninguno de sus líderes logra mostrar diferenciales positivos de imagen y en términos individuales aún muestran menos intención de voto que el presidente.
Este fenómeno de desencanto oficial y orfandad de liderazgos alternativos no es nuevo en Argentina. Ya lo vivimos en la elección de medio término del año 2001 donde el 42% del electorado se negó a votar por algún político, con ausentismo e impugnaciones que hicieron famosos al salamín y a Clemente en el escrutinio.
De aquella época a hoy parece que la política sigue sin aprender la máxima que el consultor estratégico James Carville propinó al entonces gobernador de Arkansas y candidato presidencial demócrata Bill Clinton: "Es la economía, estúpido".