Por: Bache3000
Las nevadas, las heladas y el propio tráfico invernal dejaron un rastro de baches, fisuras y desprendimientos de asfalto en el tramo que une Bariloche con El Bolsón, uno de los corredores más transitados de la Región Andina. Ahora, con la ventana climática que se abrió tras las tormentas, Vialidad Nacional aprovecha para salir a tapar los agujeros más urgentes, mientras el reclamo político por una intervención integral sigue esperando una definición de Nación.
Según informó el organismo, personal del 20° Distrito Río Negro avanza con tareas de bacheo en frío en distintos sectores de la RN40, priorizando el tramo entre Villegas y El Foyel —donde se detectó el mayor nivel de deterioro— y con intervenciones puntuales en Lago Guillelmo, La Veranada y Los Repollos. También se coordinan trabajos con material en caliente, que recién podrán ejecutarse cuando termine la veda invernal en la cordillera.

La explicación técnica de Vialidad es clara: el invierno expone la calzada a tensiones térmicas, humedad y sobrecarga de tránsito, y eso acelera el deterioro de una carpeta asfáltica que, en varios tramos, no llegó a repararse en caliente antes de que arrancara la veda. Es, en los hechos, el mismo diagnóstico que año a año se repite en la ruta que conecta a las dos ciudades más importantes de la Región Andina.
Ahí es donde el reclamo institucional que impulsan Cortés y Pogliano —ya publicado por este medio— cobra otro sentido: no se trata de discutir si Vialidad tapa o no tapa baches en cada rebrote de mal tiempo, sino de saber si, después de años de intervenciones parciales, el Estado nacional está dispuesto a encarar una obra estructural sobre un corredor que es a la vez ruta sanitaria, corredor turístico y única vía de conexión terrestre entre dos ciudades que dependen una de la otra.
El anuncio de esta semana confirma que, al menos por ahora, la respuesta sigue siendo la misma de siempre: bacheo en frío como paliativo inmediato y promesa de bacheo en caliente para cuando el clima lo permita. Una lógica de mantenimiento que convive, temporada tras temporada, con un reclamo político que crece en intensidad pero todavía no logra torcer la escala de la intervención.