Por: Bache3000
Hay una ley que no está escrita en ningún manual de ciencia política pero que cualquiera que haya jugado al truco conoce de memoria: cuando dos juegan la misma carta, pierden los dos. En Río Negro, camino a 2027, esa carta se llama centro-derecha, y la están por jugar dos veces.
Empecemos por el principio, que en esta provincia siempre es el mismo lugar: Bariloche. En octubre de 2025, Juntos Somos Río Negro salió tercero en la ciudad más importante del mapa electoral rionegrino, y no salió tercero por poco: perdió por doce puntos. Doce puntos en la localía es una hemorragia, no una derrota. Y como toda hemorragia, obliga a delegar: el gobernador le entregó a Walter Cortés la potestad del armado de las listas para las convencionales, dejó que pusiera el nombre, dejó que Gerardo Del Río conduzca la acción política. Se puede leer como un gesto de confianza. Se puede leer, con la misma honestidad, como la confesión de que el propio gobernador y su propio sello ya no alcanzan para armar nada por fuera de eso. Y se puede leer que al PUL sí. Todo eso se apoya en una gestión que es reconocida.
Mientras tanto, del otro lado del mismo espectro, La Libertad Avanza hizo lo que a Juntos le está costando cada vez más: sumar. Armó un frente con su nombre, se llevó al PRO, a Bariloche Unido y a un rosario de partidos menores dispuestos a aceptar que el sello libertario conduce. Antes se había llevado legisladoras y legisladores de todos los colores. Ahora, hasta la reina de la nieve dijo que es Libertaria. No es un dato menor. En octubre de 2025 ese armado demostró un piso de intención de voto que ronda o supera el treinta por ciento, y eso, en una provincia donde las elecciones se ganan por márgenes finitos, es directamente un peligro para todos los demás.
Y después está el peronismo, que en este cuento no está haciendo mucho (digamos, una camapaña agresiva) y por eso mismo puede terminar ganando. Tiene votos cautivos, votos que en este escenario no tienen a dónde más ir. No siempre fue así: en 2019, Juntos Somos Río Negro construyó un discurso lo suficientemente parecido al peronista como para robarle, según las cuentas de la época, unos cien mil votos, los necesarios para que Arabela Carreras terminara ganando por más de doscientos mil y para que Juntos consiguiera diputados y senadores propios en esos años. Pero ese provincialismo travestido de gestión eficiente, el que alguna vez tuvo como insignia pagar los sueldos en tiempo y forma, ya no alcanza. La sociedad rionegrina empezó a pedir otra cosa —escuelas, hospitales, rutas, Estado presente y funcionando— y Juntos Somos Río Negro fue perdiendo, uno por uno, a los votantes que alguna vez le arrebató al peronismo. El aura se gastó. Y esos votos, hoy, no vuelven a un lugar cualquiera: vuelven a casa.
Hoy la sociedad quiere que todo funcione, pero a la vez quiere que se gaste poco. Y encima, el clima de acotar impuestos, y la retracción enconómica hacen que la recaudadción de cualquier gobierno se ajuste. Pero ojo: los costos siguen en aumento. Un escenario complejo para cualquier oficialismo.
La pregunta, entonces, no es si el peronismo tiene piso. La pregunta es si tiene techo, y ahí la respuesta es menos generosa: entre el treinta y el treinta y cuatro por ciento parece ser, elección tras elección, su límite natural, y no hay señales de una estrategia pensada para perforarlo. La búsqueda de un segundo nombre que acompañe a María Emilia Soria es, en el mejor de los casos, un indicio de que alguien adentro del espacio entendió el problema. Ahí aparece Pedro Pesatti: buena imagen, buenas encuestas, buen vínculo con Sergio Massa, buen vínculo con Cristina Fernández de Kirchner, buen vínculo con los hermanos Soria, y un nombre que ya empieza a sonar puertas adentro de sectores del peronismo barilochense como candidato a gobernador. Tiene partido —el Frente Renovador, hoy conducido en la provincia por Alejo Ramón Mejía, cercano al gobierno provincial— pero la lapicera de fondo, la que decide si Pesatti compite adentro o afuera del frente peronista, la tiene Massa desde Buenos Aires.
La ecuación que nadie quiere resolver en voz alta
Acá es donde entra la matemática, y la matemática de Río Negro tiene una particularidad: casi nunca suma, casi siempre resta. Si Weretilneck logra lo que persigue —ser el candidato de La Libertad Avanza a nivel nacional en 2027— la consecuencia es inmediata: Aníbal Tortoriello se va por afuera de ese espacio con su estructura propia, y se lleva puesto el porcentaje que viene sacando elección tras elección, algo así como quince o veinte puntos, él solo. Esos votos no le suman a nadie: le restan a Juntos Somos Río Negro y le restan a La Libertad Avanza, que en ese escenario compiten juntos y pierden juntos. Es una suma que resta, y en el peronismo lo saben. También lo sabe el senador Enzo Fullone, que conduce el espacio libertario en la provincia siempre alineado a los designios de Karina Milei.
Y también lo sabe Alberto Weretilneck. Ahí, tiene una posibilidad de ganar. Con la división de todos.
Pero el dilema corre parejo del otro lado del mostrador. Si Pesatti decide jugar por afuera con el Frente Renovador o con algún sello peronista propio, puede terminar haciéndole al peronismo lo mismo que Tortoriello amenaza con hacerle a la derecha: dividir un caudal de votos que, si se repite la fotografía de octubre de 2025, va a definirse por cuatro o cinco puntos. El peronismo, entonces, enfrenta su propio acertijo: si va solo, conserva el piso pero no crece; si suma a Pesatti como candidato a vicegobernador, se arriesga a incorporar votos que hoy no tiene; pero si Pesatti igual termina yendo por afuera, pierde esos votos de todas formas y encima los reparte. No hay jugada sin riesgo, y el peronismo, por primera vez en mucho tiempo, tiene margen para equivocarse porque el resto del tablero se equivoca más.
Y todavía hay una opción más: que Pesatti se incorpore como candidato a diputado o senador del peronismo.Mide bien, tiene buena imagen, nadie lo cuestiona en sus ideas. Tiene mucho peso en Viedma.
El primero de noviembre, en Bariloche, va a haber una primera medición de todo esto, aunque conviene no exagerar su lectura: en las convencionales no hay candidatos a intendente en las listas, así que lo que se va a medir no es la gestión municipal —por más que Juntos y su sello de gestión "Estamos haciendo" intenten instalar esa lectura— sino la capacidad de movilización de cada estructura partidaria y el reconocimiento de cada marca.
Si vota mucha gente independiente, no movilizada, las estructuras pesan poco. Si vota poca gente, pesan mucho. Lo que está en juego, en los hechos, es la letra chica que va a regir el funcionamiento del municipio en sus tres poderes: medioambiente, marco jurídico institucional, reelección o no reelección, organismos de control, velocidad de la burocracia. Nada de eso resuelve quién va a ser intendente. Mucho menos quién va a ser gobernador. Pero cada espacio ya eligió su estrategia para la carrera de fondo: La Libertad Avanza apuesta a perfiles técnicos y profesionales; el oficialismo, a dirigentes con trayectoria partidaria; el peronismo, todavía sin nombres confirmados, a vecinos que conocen los problemas de Catedral y del vertedero desde adentro.
Falta poco más de un año para 2027. Pero en Río Negro, cuando la derecha se pone a jugar la misma carta dos veces, el peronismo ya sabe lo que sigue: no hace falta ganar. Alcanza con que los otros pierdan entre ellos.