Por: Bache3000
La cuarta audiencia del juicio por el crimen de Gastón Marcelo Latiff dejó uno de los testimonios más duros del proceso: el de su pareja, quien estuvo presente el día del hecho y relató punto por punto cómo se desencadenó la violencia que terminó con la vida del hombre en febrero de 2025.
La testigo, de 34 años, conectada por videollamada a la sala de audiencias, contó que llevaba 21 años de relación con Latiff. Juntos se habían mudado desde Buenos Aires a Bariloche por una changa familiar en una panadería. Aquella tarde, después de que ella saliera de su trabajo como cuidadora en un geriátrico, la pareja salió a hacer repartos en moto.
Según su versión, todo se desmadró cuando Latiff intentó comprar droga a través de una app de mensajería. El contacto lo citó en un punto donde esperaba un auto verde con cuatro personas adentro. Latiff pagó y se dio cuenta enseguida de que lo habían estafado: no era lo que había pedido. "Subite que me cagaron", le dijo a su pareja antes de decidir, contra la voluntad de ella, salir detrás del vehículo para reclamar su plata.
La persecución terminó frente a un almacén del barrio San Francisco IV. Ahí, de acuerdo al relato de la mujer, la tensión escaló hasta convertirse en una pelea campal que corrió mostradores de lugar y encerró a los empleados del comercio detrás de su propio negocio.

En medio de ese caos apareció Ismael Nicolás Choque Vargas, el acusado, cuchillo en mano. La testigo fue categórica sobre cómo actuó: no llegó a mediar, fue directo a atacar. Latiff lo tenía de espaldas cuando lo alcanzó entre las góndolas, lo giró y empezó a apuñalarlo. La mujer describió que el joven intentó varias veces sin éxito, frenado por la campera de la víctima, hasta que finalmente logró herirlo en el cuello — la puñalada que resultaría fatal, de un total de seis.
"Yo estaba dura, no me podía mover", confesó sobre esos segundos paralizantes, mientras narraba cómo Latiff todavía llegó a forcejear para intentar sacarle el arma.
Cuando los otros implicados en la pelea se dispersaron, la mujer quedó sola con su pareja tendida en el piso y una hemorragia que no daba tregua. Pidió ayuda a los gritos, arrastró el cuerpo hacia afuera del local y comenzó maniobras de reanimación que sostuvo hasta la llegada de los bomberos. En un giro que también quedó registrado en su testimonio, el propio acusado dejó el cuchillo a un costado y ayudó a intentar reanimarlo.
La testigo cerró su declaración con una defensa de quien fue su pareja durante dos décadas: lo describió como trabajador y buena persona, aunque reconoció que atravesaba un consumo problemático de drogas que mantenía oculto incluso para su entorno más cercano.
La causa, que la fiscalía encuadra como homicidio simple, sigue sumando audiencias mientras Choque Vargas permanece alojado en el servicio de Salud Mental del Hospital Zonal Ramón Carrillo, bajo prisión preventiva.