martes 01 de septiembre de 2026 - Edición Nº565

El Bardo de Siempre | 1 sep 2026

LA COLUMNA DEL VICEGOBERNADOR

INVAP, cincuenta años de hacer cosas que sirvan

09:26 |Al cumplirse cincuenta años de su proceso constitutivo, corresponde celebrar la obra entera de INVAP: la aventura intelectual que le dio origen, la voluntad política que la hizo posible y el arco de realizaciones que, desde aquel primer día hasta hoy, la convirtió en la nave insignia de la ciencia aplicada al desarrollo provincial y nacional.


Por: Pedro Pesatti

Celebramos medio siglo de un edificio levantado piedra sobre piedra por generaciones de científicos, ingenieros, técnicos y trabajadores que hicieron de la Patagonia rionegrina, a orillas del Nahuel Huapi, el lugar desde el cual la Argentina le habla al mundo en el lenguaje de la tecnología de vanguardia.

La génesis de esa construcción se sitúa en el Centro Atómico Bariloche y lleva el nombre de Conrado Franco Varotto.
Llegado de Italia a los nueve años, se formó íntegramente en el sistema científico público argentino: primero, en Exactas de la UBA y, después, en el Instituto Balseiro, donde se doctoró en física. Completó su preparación con un posdoctorado en Stanford, en el corazón de lo que hoy llamamos Silicon Valley.

Allí vio la sinergia entre una universidad de élite y las empresas tecnológicas que florecían a su alrededor y maduró la convicción que ordenaría su vida: el conocimiento debía tener impacto social.

A su regreso, en octubre de 1970, impulsó en Bariloche el Programa de Investigación Aplicada y, al año siguiente, ante la pregunta de dos jóvenes colegas -Héctor Otheguy y Ricardo Sagarzazu- sobre qué buscaba, respondió con la frase que se convertiría en el lema fundacional de la empresa: “Muchachos, ¡hay que hacer cosas que sirvan!”.

El Programa se creó formalmente en 1972 y se convirtió en el Departamento de Investigaciones Aplicadas, con el respaldo de Hugo Juan Erramuspe y de Oscar Quihillalt, presidente de la CNEA.

Varotto convocó entonces al grupo que puso los cimientos: Otheguy; Eduardo Santos, quien años más tarde presidiría la CNEA; Pablo Tognetti, su «ladero» en los días inaugurales; Tomás Buch, Horacio Osuna, Juan Carlos Fourcade, Daniel Esparza, Daniel Vassallo, Oscar Bressan, Miguel Audero y Roberto Pascual, entre otros. Todos ellos se habían formado en el sistema científico público y cada uno fue un eslabón indispensable de aquella cadena.

Entre 1972 y 1976, el grupo demostró que la investigación aplicada podía responder a demandas reales: desarrolló un acelerador implantador de iones para FATE Electrónica; optimizó los hornos de cinc de la Metalúrgica Austral Argentina; produjo ferritas y relés de microondas para ENTel y electrodos de carbón para ALUAR; y fabricó, para la propia CNEA, detectores semiconductores de una calidad equiparable a la del principal fabricante mundial. Sobre ese fundamento material se erigió la empresa.


 

Esa vocación encontró su correlato en el clima político de la época: el Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional asignó un lugar central a la inversión estatal en los sectores estratégicos, y el gobierno de Mario José Franco ejecutó en Río Negro su propio Plan Trienal, articulando proyectos provinciales con organismos nacionales.

La Ley 20705 de Sociedades del Estado, sancionada en agosto de 1974 por impulso del presidente Juan Domingo Perón, se constituyó en la llave que el contador José Pastorelli, a cargo de Personas Jurídicas de la Provincia, encontró para encuadrar a la empresa en la figura jurídica idónea. A ello se sumaron el aporte intelectual de Jorge Sabato, ideólogo de la empresa tecnológica, y el respaldo de Pedro Iraolagoitía al frente de la CNEA.

El 1 de septiembre de 1976 se suscribió el acta constitutiva de la empresa, que nació con un capital de tres millones de pesos y dos objetivos: asistir al plan nuclear de la CNEA y crear fuentes genuinas de trabajo en la provincia.

El estatuto, redactado por Varotto, aseguró la presencia de la CNEA en el directorio, mientras que el convenio celebrado entre la Comisión y la nueva sociedad definió a esta última como “el brazo ejecutor” de aquella.

Su primera sede fuera del Centro Atómico fue una casa de dos plantas ubicada en Elordi 31, Bariloche. Origen modesto de una potencia tecnológica de alcance mundial.

Desde aquella casa hasta nuestros días, INVAP ha levantado un edificio de realizaciones que asombra.

En el área nuclear diseñó, construyó y exportó reactores de investigación y producción de radioisótopos —el RA-6 en Bariloche, el NUR en Argelia, el ETRR-2 en Egipto, el OPAL en Australia, uno de los más avanzados del mundo, el PALLAS en los Países Bajos, el RA-10 y el prototipo CAREM—, mientras que, bajo la conducción del propio Varotto, el dominio del enriquecimiento de uranio en el Complejo Pilcaniyeu se afirmaba como un hito de autonomía tecnológica en la región.

En el sector espacial situó a la Argentina como el único país latinoamericano capaz de fabricar satélites de telecomunicaciones de alta complejidad, con los ARSAT-1 y ARSAT-2, los satélites de observación de la Tierra SAC y la constelación de radares SAOCOM.

A ello se suman los radares que integran el Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial; los drones y los sistemas de control para la defensa; los centros de radioterapia y las plantas de radioisótopos instalados en diversos continentes; los aerogeneradores y las turbinas hidrocinéticas. Cada uno de esos desarrollos exporta valor agregado y materia gris rionegrina, y ratifica el papel estratégico de INVAP en la soberanía tecnológica de la Nación.

Como hijo de esta provincia, celebro este aniversario con el orgullo que sentimos los rionegrinos y las rionegrinas al saber que nuestra tierra acunó y acompañó el sueño de un puñado de jóvenes que se propusieron hacer cosas que sirvan, y con la certeza de que aquel mandato permanece vivo en la principal empresa estatal de nuestra provincia -la más importante del país en materia de desarrollo tecnológico- y se proyecta hacia el medio siglo que viene con la genialidad de una obra maestra, profundamente Argentina.

Con gratitud y en memoria de quienes ya no están…

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