Por: Bache3000
Bache3000 sigue de cerca a las figuras que eligen la ciudad para sus vacaciones, y esta vez el que se llevó todas las miradas —por motivos que él mismo hubiera preferido evitar— fue el conductor Marley, que llegó con su hijo dispuesto a "vivir Bariloche a fondo". Vivió, sí, pero a los tropezones. Entre los momentos más destacados, almorzó gorgojos con los fisuras en la Mitre, fue a comer a Mostaza para soldarizarse con los trabajadores que pueden quedarse sin trabajo, entre muchas, muchas, anécdotas.
El primer incidente llegó temprano: como ya hicieron otros famosos antes que él, Marley se ofreció a "colaborar" con la poda de un pino en el Centro Cívico. El problema fue el árbol elegido, que resultó ser Patrimonio Histórico de la ciudad. Motosierra en mano y sin frenar a tiempo, terminó cortando justo el que no correspondía, mientras su hijo le gritaba desde atrás que parara.

El intendente no lo podía creer. "Ni Jack el destripador se animó a tanto", expresó.
En la montaña la cosa no mejoró. Durante un descenso en Catedral, su hijo le advirtió al famoso conductor que "no toques esa piedra" que quedará en la historia, apenas segundos antes de que una avalancha les pasara al lado. Los dos llegaron abajo enteros, pero con el corazón en la boca. Varios esquiadores, quedaron tapados de nieve, pero sin graves consencuencias.
Tampoco faltó el infaltable blooper del cartel: micrófono en mano, Marley sostuvo un cartel para asegurar que "el Cerro Catedral es de Bariloche" — con la particularidad de que el cartel estaba completamente al revés. su hijo, tapándose la cara con las dos manos, ya intuía que ese video le iba a durar toda la temporada.

El cierre más ruidoso fue en las afueras de la ciudad: en medio de trabajos de voladura programada en la montaña, Marley se entusiasmó de más "ayudando" a los operarios y terminó activando una carga que no le correspondía, provocando un desprendimiento bastante más grande de lo previsto. Nadie salió herido, pero el bochorno quedó filmado por varios vecinos.
Entre árboles caídos, avalanchas, carteles invertidos y dinamita de más, Marley se fue de Bariloche con las mismas costumbres con las que llegó: papelón primero, risas después.
