Por: Bache3000
La calle Onelli siempre tuvo un código distinto al resto del centro. Mientras la Mitre se llena de turistas con bolsas de chocolate, la Onelli fue históricamente la calle de los barilochenses: la del trámite, la peluquería, la ropa para los pibes y las compras del mes. En los últimos años los visitantes empezaron a llegar hasta su epicentro, pero la caja la siguen sosteniendo, sobre todo, los vecinos. Y los vecinos, hoy, están cuidando cada peso.
Este medio la caminó de punta a punta esta mañana de viernes, en plena temporada baja. Locales con las luces prendidas y más vendedores que clientes, persianas bajas donde hasta hace poco había un comercio. Está tranquila la Onelli. Demasiado tranquila.
Llegamos hasta un importante comercio de venta artículos para el hogar y electrodomésticos. Ahí, dos empleados nos contaron que también redujeron personal: quedaron dos personas donde antes había cuatro, y en el depósito pasaron de dos trabajadores a uno; si hace falta una mano, llaman a alguien eventual. Nos pidieron que no publiquemos sus nombres.
El pedido se repitió en casi todos los negocios. A la hora de la recorrida son los empleados los que están atendiendo, y casi ninguno quiere hablar con nombre y apellido. Todos dicen lo mismo, lo que ya sabe cualquiera que camina la calle: que está muy tranquilo, que el movimiento es inestable, que las ventas son muy bajas. Pero lo dicen bajito y sin firma, porque en un momento en el que todos cuidan el mango, nadie quiere que una declaración caiga mal donde no tiene que caer.

Casi llegando a Moreno, en la Peluquería El Príncipe, Daniel es de los pocos que pone la cara. Vecino y peluquero, no necesita que le repitan la pregunta.
—¿Cómo está la calle, Dani?
—Mal, mal, mal. Ojalá que se recomponga.
Le decimos que está complicado y la respuesta mezcla resignación con una cuota de esperanza: "Voy a esperar un par de años. Venga gente buena". Después enumera lo que ve desde su vidriera: "Muchos locales cerrados. Mucha malaria". ¿Y cómo lo están viviendo ellos? "Está todo para atrás, lamentablemente". ¿Complicado? "Complicadísimo".

A pocos metros, sobre Elflein entre Onelli y Elordi, otra cosa llamó la atención: los carteles pegados en las puertas de la sucursal de Naranja X, la ex Tarjeta Naranja. "¡Importante! Esta sucursal funciona hasta el 15 de octubre", avisan en letras grandes, y aclaran que desde el 13 de octubre dejará de operar con dinero para depósitos y extracciones. El resto es el manual de la época: hacé tus gestiones por la app, un código QR para "conocer otras sucursales disponibles" y un chat 24 horas en la web. Según pudo saber Bache3000, en esa sucursal trabajan alrededor de 15 personas. Sobre ellas, el cartel no dice nada.
La postal de la Onelli se suma a lo que ayer le planteó a Bache3000 el presidente de la Cámara de Comercio, Elián Caramichos: la entidad todavía no tiene el número de comercios cerrados en la ciudad y prevé un relevamiento para los primeros días de noviembre, cuando vencen los contratos de alquiler. Hasta entonces, el termómetro más confiable sigue siendo el de siempre: caminar la calle y contar persianas.