viernes 11 de septiembre de 2026 - Edición Nº575

La ley y el orden | 11 sep 2026

EL "VIVO" SIGUE SIN APARECER

Cómo es el caso de estafa en Bariloche donde dos víctimas terminaron arreglando en cuotas

12:02 |Un hombre transfirió varios millones de pesos para comprar un producto a alguien que se hacía pasar por representante de una empresa reconocida. El producto nunca llegó y la plata terminó en la billetera virtual de una mujer que asegura haber sido engañada por la misma persona. Con el estafador desaparecido y sin dar la cara, el centro de mediación de Bariloche logró que ambos dejaran de pelearse entre sí y firmaran un acuerdo: ella devolverá parte del dinero en cuotas mensuales y él la ayudará con los trámites para destrabar su cuenta.


Por: Bache3000

La historia tiene todos los ingredientes del cuento del tío versión 2026: una empresa conocida, alguien que dice hablar en su nombre, varios chats convincentes y, en el momento clave, la palabra mágica: "urgente". El hombre quería comprar un producto de valor considerable y tomó contacto con una persona que se presentaba como vinculada a una firma reconocida del rubro. Distintos elementos reforzaban esa apariencia y, después de varias conversaciones, llegó la propuesta: había que transferir ya mismo para asegurar la compra.

Transfirió. El producto no llegó. Primero hubo demoras y después, directamente, silencio. Cuando fue a reclamar a la empresa de verdad se encontró con lo que cualquiera ya intuye: la operación no figuraba en ningún registro y el dinero jamás había entrado a una cuenta oficial. Los millones habían ido a parar a una billetera virtual a nombre de una mujer.

Hasta ahí la película parecía clara: víctima de un lado, estafadora del otro. Pero cuando la mujer fue citada a mediación, la trama dio un giro. Según contó, ella también había sido engañada por la misma persona, con la que tenía una relación económica distinta: le debían plata y le pidieron usar su billetera virtual con la excusa de que había "inconvenientes" con una cuenta propia. Cuando cayeron las transferencias, ella se cobró lo que le adeudaban y entregó el resto sin conocer —sostiene— el verdadero origen del dinero.

Así fue como dos personas que jamás se habían visto terminaron enfrentadas por una maniobra que ambas atribuyen a un tercero. ¿Y ese tercero? No pudo ser localizado y, obviamente, no fue a la mediación. Es el único de la historia que no reconoció nada, no devolvió nada y no va a pagar ninguna cuota.

"Prestame la billetera": el eslabón que siempre termina pagando

Acá conviene frenar y decir lo obvio, porque en la propia mediación quedó dicho: prestar una cuenta o una billetera virtual para que otro reciba dinero no es un favor entre conocidos, es la puerta de entrada a un problema. Es la mecánica clásica de las llamadas "cuentas mula": el estafador nunca pone su nombre en ningún lado, la plata entra en la cuenta de un tercero y, cuando la víctima empieza a rastrear, quien aparece en el radar es el titular de la billetera, no el vivo. La mujer lo admitió: no debió facilitar su cuenta y el ingreso de una suma tan grande merecía más controles. El hombre también hizo su mea culpa: transferir varios millones a una cuenta particular sin chequear antes con la empresa fue un recaudo que faltó.

Con el chanta fuera de escena, la instancia prejudicial logró cambiar el eje de la discusión. En lugar de pelear por quién le debe a quién, cada parte explicó cómo había quedado metida en el medio y las dos encontraron un punto en común: eran víctimas de la misma persona y ninguna creía que la otra hubiera actuado para perjudicarla. La mediadora ordenó el conflicto, y participaron además una defensora oficial y abogados particulares que asesoraron sobre los compromisos del acuerdo.

El resultado: la mujer devolverá una parte de la suma en pagos mensuales —sí, la estafa se paga en cuotas— y el hombre se comprometió a colaborar con determinados trámites para resolver los inconvenientes que la operación le generó a la cuenta virtual de ella. Cuando se cumplan los pagos, el conflicto entre ambos quedará cerrado. Se recuperó parte de un dinero que se daba por perdido y se evitó un juicio, que es exactamente para lo que existe la mediación.

Ojo con leerlo como final feliz. El acuerdo no alcanza a todos los involucrados en la operación original ni impide que las partes evalúen otras acciones por fuera de lo pactado: la vía contra quien se quedó con la plata sigue abierta, aunque para eso primero hay que encontrarlo. Mientras tanto, la moraleja es la de siempre y sigue vigente: si te apuran, sospechá; si una "empresa reconocida" te pide transferir a la cuenta de un particular, no es la empresa; y si alguien te pide prestada la billetera virtual "porque tiene un problema con la suya", el problema en poco tiempo va a ser tuyo.

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