Por: Bache3000
La esquina de Onelli y Yatasto tiene farmacia desde hace 46 años. La fundó la abuela de Federico Sarracino, la continuaron sus padres y hoy es él quien está detrás del mostrador de Luna Lanz, uno de los comercios históricos de la calle donde compran los barilochenses. Bache3000 habló con él y el diagnóstico fue tan crudo como breve: "muy complejo".
"De hace un año y medio a la fecha, un poquito más por ahí, las ventas han caído estrepitosamente", explicó. Sarracino ubica la crisis en sintonía con lo que ocurre a nivel nacional: según las estadísticas que cita, el consumo y la venta de medicamentos cayeron un 60% en el país. "Es una locura", resumió.
El golpe, dice, se siente más en las farmacias chicas. "Para las farmacias que somos familiares, que por ahí no tenemos una espalda económica, nos cuesta mucho y nos ha hundido bastante", describió.
Lo más duro llegó el año pasado, cuando tuvo que hacer algo que nunca había hecho. "Lamentablemente tuve que despedir personal. Nunca había despedido gente en mi vida y lo tuve que hacer", contó. Se trataba de empleados de muchos años, con los que la relación excedía lo laboral. "Teníamos una relación no solo de empleador-empleado sino una relación diferente, muy cordial y muy buena, de muchos años. Fue muy duro y está siendo muy duro", reconoció.
Hoy la farmacia funciona al mínimo. "No se puede ingresar mercadería, las ventas son casi nulas. Es complicadísimo el panorama, la verdad muy complicado", insistió.
La Onelli, la calle comercial de los barilochenses más que de los turistas, acumula persianas bajas y carteles de liquidación, como viene registrando Bache3000 en sus recorridas. Desde la Cámara de Comercio ya admitieron ante este medio que todavía no tienen un número de locales cerrados: recién en noviembre, cuando vencen los contratos de alquiler, harán un relevamiento.
Sarracino amplía la foto más allá de su cuadra. "No solo los comercios de Onelli. Yo hablo con conocidos, amigos, familiares que la están pasando muy mal. Gente que en su momento tenía una pequeña empresa familiar que le estaba yendo bien y tuvo que salir a buscar otro trabajo porque no le rinde", relató.

La crisis también entra a la farmacia con los propios clientes. "El cliente viene y te dice: yo tengo una despensita, yo tengo un mercadito, yo tengo mi negocio, y la verdad no estoy vendiendo nada, estoy pensando en liquidar también", contó. "Muy, muy duro."
Sarracino lleva casi 20 años al frente del local y tiene con qué comparar. "Hemos pasado la pandemia, hemos pasado el 2001, que fue durísimo, pero este panorama es diez veces peor. Para mí es terrible", sentenció. Y se anticipó a cualquier lectura partidaria: "No es una cuestión ideológica, es una cuestión de números nada más. Por eso es terrible. No sé a dónde vamos a parar".
La charla se cortó ahí. A Federico se le quebraba la voz.