martes 15 de septiembre de 2026 - Edición Nº579

El Bardo de Siempre | 15 sep 2026

EL GANADOR DEL QUINI QUE NO FUE BARILOCHENSE

La verdad de la Pera Loca: "pedimos disculpas a la gente, la idea era que nadie pierda un premio de semejante magnitud"

09:19 |Patricia, dueña de la verdulería con subagencia de La Habana 65, le contó a Bache3000 cómo una frase mal explicada —o mal entendida— convirtió un premio que era de Viedma en un millonario barilochense que nunca existió. El desenlace de una historia que se descontroló en cuestión de horas.


Por: Bache3000

Para entender el final de esta historia hay que volver al principio, y el principio no fue un flyer verde flúor ni una viralización. Fue una conversación telefónica entre dos personas que hablaban de lo mismo sin estar hablando de lo mismo.

Patricia atiende la verdulería de La Habana 65 y tiene ahí adentro, junto al mostrador, la máquina donde se venden los juegos de azar. Hace algunos días la llamaron desde la agencia de la que depende su subagencia y del otro lado le mencionaron que había salido un premio con retención. La palabra clave era esa: retención.

En la jerga de la lotería, un premio con retención suele significar un premio grande. La lógica es simple: cuando el monto es importante, el local que vendió el boleto no puede pagarlo por ventanilla —es demasiada plata— y el cobro queda retenido para tramitarse por otra vía. Patricia escuchó retención, escuchó máquina, y ató los cabos que hubiera atado cualquiera.

La alegría, cuenta, fue inmediata y no tuvo nada que ver con ella. Son gente laburante, repite. Levantaron la verdulería a pulmón, saben lo que es el esfuerzo y están detrás del mostrador desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Que otro trabajador se hubiera llevado un premio que tal vez no le resuelve la vida pero sin dudas se la mejora un poco les pareció, sencillamente, una buena noticia.

El problema fue que pasaban los días y el ganador no aparecía. Y ahí apareció el temor concreto: los premios tienen fecha de vencimiento. Si el apostador no se presenta dentro del plazo, la plata se pierde. Por eso decidieron contarlo. Buscaron el canal que consideraron más rápido y más efectivo para llegar a un vecino anónimo que podía tener un boleto doblado en el bolsillo de la campera sin enterarse jamás, y le pasaron el dato a Bache3000.

Lo que vino después los superó. La publicación se viralizó en minutos y la verdulería se llenó. Patricia describe una cantidad impresionante de gente, de todo tipo, entrando a consultar, a chequear, a verificar boletos, a preguntar si era verdad. No fue un goteo durante la semana: fue una avalancha, apenas se publicó.

Al día siguiente, desde una agencia oficial de Lotería de Río Negro desactivaron la versión. Revisaron el sistema, confirmaron que no había ningún acierto registrado en Bariloche y atribuyeron todo a un boca en boca que se había descontrolado. Bache3000 publicó esa rectificación: el sorteo sí había dejado un ganador en la provincia, pero la apuesta no se había hecho en la ciudad. Faltaba, sin embargo, la otra mitad de la historia. La del local.

El segundo llamado

En medio del revuelo volvió a sonar el teléfono y del otro lado estaba otra vez la agencia. El mensaje fue tan corto como demoledor: el premio no era de su local. El ganador era de Viedma. Ese dato, que en la aclaración oficial había quedado en silencio, terminó de cerrar el mapa: la apuesta premiada estaba a casi novecientos kilómetros de La Habana 65.

Patricia cuenta que se lo dijo tal cual a su interlocutor. O él se lo había explicado mal, o ella lo había entendido mal. En algún punto de aquella primera conversación las palabras se desacomodaron y todo lo demás fue consecuencia. No hubo un invento, ni una maniobra publicitaria, ni una humorada que se les fue de las manos. Hubo un dato mal transmitido en una cadena donde cada eslabón creyó estar diciendo lo correcto.

Por eso quiso contarlo ella misma y quiso contarlo público. Pidió disculpas a los vecinos de Bariloche: a los que se ilusionaron, a los que revisaron la billetera y la guantera, y a los que se acercaron hasta la verdulería a controlar un boleto que nunca iba a ser el premiado. Insistió en que no hubo una mentira sino una confusión en la comunicación —los informaron mal o entendieron mal, esa parte sigue sin estar del todo clara— y que la intención, desde el primer minuto, fue exactamente la contraria a la que algunos le adjudicaron: que nadie perdiera un premio de semejante magnitud por no enterarse a tiempo.

Al final, agradeció. Agradeció que la historia se haya comunicado y que este medio haya funcionado como canal con la gente. Lo dijo entre risas, con la naturalidad de quien acaba de comprobarlo en carne propia, atendiendo una fila de curiosos que le desbordó el negocio: si algo quedó demostrado en estos días es que en Bariloche los lee todo el mundo.

Más Noticias